[Publicado en La Crónica el pasado sábado 15 de abril]
Si la torre de Pedroche fuera de miel y meloja, ya se la hubieran comido los golosos de La Añora.
Son
muchas las páginas que podríamos dedicar a uno de los monumentos más
emblemáticos de la comarca de Los Pedroches: la torre de Pedroche. Sin embargo,
he querido empezar con esta cancioncilla, recogida por Aliara en su disco
“Canciones, corros y juegos infantiles en el país de Los Pedroches” (1999),
porque para nuestra comarca la torre de Pedroche es más que un monumento, mucho
más que simple arquitectura.
La
propia ubicación de la villa de Pedroche, en alto, nos recuerda su antiguo
papel como enclave defensivo. Aunque nada queda de la antigua fortaleza, derribada
definitivamente durante una revuelta popular en los confusos años de la guerra
civil que enfrentaba en Castilla a Isabel la
Católica con Juana la Beltraneja(1478). En el centro del antiguo núcleo
encastillado se construiría, en diferentes fases a lo largo del siglo XVI, la
torre de la Iglesia del Salvador.
Independientemente
de la magnífica estructura y de la belleza del interior de la torre, en cuyo
diseño participó Hernán Ruiz II, el más destacado arquitecto del Renacimiento
cordobés, esta construcción destaca especialmente por las magníficas vistas que
ofrece. Desde arriba, es posible divisar buena parte de la antigua Dehesa de la Jara y, salpicando los
encinares, los caseríos de los distintos pueblos que una vez fueron aldeas de
Pedroche. Un amplio territorio desde el que, a su vez, la torre de Pedroche es
un elemento siempre presente, emergiendo sobre la dehesa. Porque la torre de la
iglesia parroquial conservó una de las importantes funciones que cumplía la
antigua atalaya del castillo: siempre ha servido no sólo para ver, sino también
para ser vista.
Mucho
antes de la construcción de la torre, en el lugar que ocuparía estaba situado
uno de los más importantes centros militares del norte de Córdoba: el castillo
de Petroch. Durante el siglo XI había
adquirido una enorme importancia. Era entonces uno de los núcleos principales
que, al norte de la ciudad de Córdoba, mantenían la vigilancia de una frontera cada
día más cercana (Toledo fue conquistada por los castellanos en el año 1085).
Poco tiempo después, esta cercanía de la frontera convertiría a nuestra comarca
en un territorio peligroso, y el castillo de Pedroche terminaría abandonado y
muy deteriorado desde mediados del siglo XII.
En
1236, los castellanos tomaron definitivamente Córdoba y por esas fechas debió
de producirse la conquista de Pedroche. Durante las siguientes décadas, el gran
problema será la falta de pobladores, pero a partir del siglo XIV Pedroche va
creciendo y algunos de sus vecinos comienzan a poblar las aldeas de Torremilano
(Dos Torres), Pozoblanco, Torrecampo, Alcaracejos, Añora y Villanueva de
Córdoba. Todas ellas dependientes de Pedroche. Todas a la vista del
reconstruido castillo.
En
1478 está terminando en Castilla una larga guerra civil, en cuyo transcurso
Gonzalo Mexía, señor de Santa Eufemia, se ha hecho fuerte en el castillo de
Pedroche, con la intención de integrar toda la comarca en su señorío. En este
contexto, los vecinos de Pedroche, Torremilano, Pozoblanco y Torrecampo y los
vecinos de las aldeas,“juntándose en
asonada” y “dándose favor y ayuda”,protagonizarán
una verdadera revuelta popular que terminó con el total derribo del castillo,
hasta no dejar piedra sobre piedra. Nunca más se reedificará, pese al mandato
expreso de la reina Isabel, y en su lugar se construirá la nueva Iglesia
parroquial y su imponente torre.
A
pesar de que las aldeas van dejando de depender del concejo de Pedroche al
convertirse en villas independientes, durante los siglos XV y XVI, la estrecha
relación entre los siete pueblos no desaparece. Mantendrán la Dehesa de la Jara
como término común, y para tratar sobre el reparto de sus frutos se reunirán
periódicamente sus representantes en la ermita de Piedrasantas. Los vecinos de
lo que un día fueron aldeas han seguido vinculados de alguna forma a la villa
que estuvo en sus orígenes.
Y
la torre de Pedroche ha estado presente a lo largo de la Historia en nuestro
espacio cotidiano. Ofreciendo la seguridad de las cosas bien hechas en una gran
dehesa que parece girar en torno a un eje que es la torre. Porque se ve, y
porque se siente como algo propio, es patrimonio
nuestro. Y no es sólo Patrimonio Monumental, porque también está muy presente
en dichos, en refranes, o en canciones infantiles como la que servía de entrada
a este artículo. Una letra la de esta cancioncilla de corro que, más allá de
las tradicionales puyas entre los pueblos, pone de manifiesto cómo la torre no
sólo es de Pedroche, sino también de Añora, del conjunto de Los Pedroches.
Por eso creo que la
Torre de Pedroche nos ofrece un buen ejemplo de nuestro Patrimonio, tanto
material como inmaterial. Y, para los que nunca hayáis subido, os recomiendo hacerlo.
Es una visita obligada.
2 comentarios:
Es evidente que este escrito no ha sido hecho con la intención de que nos sintamos orgullosos de nuestro pasado común cristiano y tampoco para celebrar que un montón de piedras bién ordenadas, nos sirvan sólo para VERLAS Y VER el paisaje que nos rodea.
Perdona mi simpleza, pero no acabo de entender el sentido original.
Un saludo.
Siento no haberme explicado bien. Creo que la torre de Pedroche es uno de los más importantes bienes patrimoniales de la comarca. Y, además de sus valores monumentales y arquitectónicos (que darían para varios artículos... y de los que espero escribir en otra ocasión), ahora me ha interesado hablar del valor como Patrimonio Inmaterial de un elemento tan "material" como es la torre.
De ahí la cancioncilla, y de ahí la referencia a la torre como ese punto en el que gira la dehesa y, sobre todo, como referente común para todos los pueblos de la mitad oriental de la comarca.
Por eso digo que la torre no es sólo de Pedroche, sino de Los Pedroches. Porque tras la independencia de las aldeas, siempre han quedado en la comarca algunos elementos comunes, y uno de ellos es la imagen de la torre. Una imagen que es, para mí, parte de nuestro patrimonio inmaterial reflejado en dichos, chistes o canciones.
Ese es el único sentido de este escrito: presentar la torre de Pedroche como algo que, además de su presencia física, tiene una importante presencia en el imaginario colectivo de los pedrocheños de toda la comarca. Un elemento común, y para mí, también un importante signo de identidad comarcal.
En cuanto a tu referencia al "pasado común cristiano", veo que definitivamente no me he explicado bien con este texto. Porque precisamente soy especialista en Baja Edad Media, y es naturalmente lo que más me interesa como investigador. Y esa Baja Edad Media, en nuestra tierra (que es también la que más me interesa) es cristiana.
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