sábado, 1 de noviembre de 2014

Fuensanta García de la Torre hablará de Romero de Torres en la Fundación PRASA



Dentro de los actos conmemorativos del 140 aniversario del nacimiento del pintor Julio Romero de Torres (de los que hablé en la anterior entrada), en la Fundación PRASA tendremos la oportunidad, el próximo jueves 6 de noviembre, de disfrutar de una charla de Fuensanta García de la Torre, una de las mejores conocedoras del artista. Fuensanta centrará su charla en el retrato, aprovechando la posibilidad de exponer en la sala dos de los más importantes pintados por el artista, que precisamente en estas fechas cumplen 100 años: "Carmen" (un detalle ilustra la tarjeta de invitación) y "La Bella Otero".

Como siempre, la entrada es libre y gratuita hasta completar aforo, por lo que recomiendo a quienes podáis estar interesados no llegar con retraso.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Julio y Augusto



Julio:

Con el título "140 años de duende", para comienzos de noviembre se han programado en Córdoba una serie de actividades en torno al más representativo pintor de la ciudad, presentadas la semana pasada en el Mercado Victoria. La iniciativa de Teo Fernández, gerente de Érase una vez Córdoba, cuenta con la colaboración de numerosas instituciones, entre las que se encuentra la Fundación PRASA, el Ayuntamiento de Córdoba o la Fundación Cajasur. Del cartel, además de la imagen elegida (un detalle de "La Consagración de la Copla" cedida por la Fundación PRASA) me interesa destacar especialmente la banda inferior donde comparten espacio numerosas instituciones implicadas en el proyecto. Y me interesa porque creo que es un buen ejemplo de cómo plantear la gestión cultural en estos tiempos de crisis: sumando esfuerzos para desarrollar proyectos que se hacen grandes por la capacidad de trabajar conjuntamente. El programa completo puede consultarse en la web del impulsor de la actividad.

Augusto:

Este año se cumplen 2.000 años de la muerte del primer emperador romano, Octavio Augusto. En torno a su figura, en el Museo Arqueológico puede visitarse, hasta final de año, una didáctica exposición sobre su presencia en Córdoba, comisariada por María Dolores Baena, directora del museo, y Carlos Márquez, catedrático de arqueología de la Universidad de Córdoba (ver noticia en Europa Press). Una oportunidad magnífica para acercarse a esa interesante etapa de transformación del Estado Romano a través de una serie de obras que, tanto en la pequeña sala de exposiciones temporales como a través de piezas destacadas de la exposición permantente, nos hablan de la importancia de la imagen de la familia imperial en una capital provincial como Córdoba, del papel de las mujeres en la transmisión del poder y, en definitiva, del poder y de la vida en Córdoba y en el Imperio hace dos milenios.

sábado, 23 de agosto de 2014

La rotonda


Sé muy bien que las normas están para cumplirlas. Lo primero, quizá por ser de letras, lo que te impulsa a ser muy respetuoso con el derecho. Lo segundo, por tener una formación científica que me convenció hace años de que la excepción no confirma, sino que invalida totalmente la regla. Con este bagaje, no resulta fácil enfrentarse al tráfico parisino. Porque aquí se conduce de otra forma. El tráfico no es caótico, sino todo lo contrario: orgánico y bien articulado aunque... con unas reglas que no son exactamente las que uno aprendió en el código de la circulación. Porque, como ya me contaban amigos hace años, sólo así se puede circular en esta ciudad.

He cruzado París de muchas formas. Preferentemente, en metro (que es la forma más lógica de cruzar esta ciudad). Pero también lo he hecho en coche, aunque en pocas ocasiones conduciendo. Hasta hace unos días. Cargado de energía, me atreví a entrar en la madre de todas las rotondas y no sé muy bien cómo, pero al final conseguimos salir ilesos.


Como decía, la de l'Étoile parece la madre de todas las rotondas. Su propio nombre lo indica: es el centro de una estrella que hace que el tráfico de buena parte de la ciudad termine entrando y saliendo (a una velocidad endiablada, eso sí) por aquí. Por una gran rotonda ¡sin carriles pintados! en la que 5, 6, 8 o más coches pueden circular en paralelo, o en órbitas elípticas que describen arcos casi siempre secantes. Desde fuera, desde la acera, parece descubrirse un cierto orden, un "sistema" en la circulación interna.



Pero desde el coche la cosas se ven de otra forma. Rápidamente uno es consciente de que aplicar a rajatabla las normas de circulación en rotondas, las preferencias de paso y los necesarios márgenes de seguridad sólo puede llevarte, en el mejor de los casos, a girar en bucle indefinido como le pasaba a Homer en un viejo episodio de Los Simpsons.

Sobrevivir al aparente caos, salir por donde uno quiere, y además sin daños de consideración parece, de entrada, tarea imposible. Menos mal que el cerebro es rápido y recuerda que, para sobrevivir al tráfico en París hay que tener en cuenta que el otro puede estar obligado a realizar cualquier maniobra imprevista, y confiar en que los demás conductores, todos conocedores de la ley parisina, estarán pendientes de tus maniobras imprevistas. Y es mucho más difícil confiar que estar atentos aunque como no hay más remedio...


Nada más entrar, aplicas la norma y, siguiendo la trayectoria aproximada que te llevará hacia tu salida, te dedicas a acelerar, frenar y cambiar de lugar esquivando y permitiendo el paso a los coches que te preceden, con la confianza de que los que vienen detrás frenarán cuando les cortes el paso...

No sé si algún día me atreveré a repetirlo, pero funciona. Y a veces, me parece que el sentido común puede ser más útil que todos los códigos del mundo. Por eso me deja una duda importante: ¿no siempre es lo mejor seguir a rajatabla las normas establecidas?

miércoles, 20 de agosto de 2014

Niños ¡fuera del museo!


Niños en el Bellas Artes de Córdoba. Foto: Sánchez Moreno para Diario Córdoba
Hace un par de días, un amigo compartió en facebook un enlace que me pareció muy interesante. Con el peculiar título de No lleven a los niños al museo, un artículo del diario El País daba cuenta de la opinión manifestada por Jake Chapman (al que el periódico denomina artista, sin que yo tenga conocimiento suficiente ni para afirmarlo ni para desmentirlo) y recogida a su vez por el británico The Independent sobre la incapacidad de los niños para comprender el arte contemporáneo. Todo artista tiene su dosis de provocación y Chapman, tenga o no algo de artista, indudablemente es un provocador que sabe conseguir titulares. Sabe vender.

La provocación del tal Chapman choca con lo que muchos llevamos décadas intentando: permitir una verdadera accesibilidad a los museos. Tradicionalmente, el museo era un lugar de expertos para expertos, donde el público no especializado no sólo no era tenido en cuenta, sino que podía salir de la exposición sintiéndose despreciado. Yo empecé a trabajar en un museo que aún tenía mucho de este viejo templo del saber, sin actividades didácticas, sin explicación alguna sobre la exposición. Pero a lo largo de los años las cosas han ido cambiando y la función didáctica ha tomado día a día un mayor protagonismo. A imagen, curiosamente, de una costumbre llegada en buena parte de Gran Bretaña.

La imbecilidad soltada por un personaje sin inteligencia o sin escrúpulos (elíjase lo que proceda, que yo ni le conozco ni me quedan ganas de intentarlo) en busca de financiación para sus historias no me habría llevado a escribir esta entrada de no ser porque he empezado a pensar que no se trata de una idea aislada. Me había pasado en algunos museos de arte contemporáneo españoles (ojo: no en todos, pero sí en alguno de los más representativos y dotado con un altísimo presupuesto; uno que está enfrente de una conocida estación de ferrocarril de la capital, por poner un ejemplo; y no digo más que no quiero dar demasiadas pistas). Y lo he visto muy claro también en la "reordenación" (para mí simple desordenación) del magnífico Museo de Orsay parisino. Siguiendo lo que podría ser una tendencia "de verdaderos entendidos", en Orsay han cambiado el tradicional orden basado en estilos y períodos, supongo que por considerarlo caduco y anticuado. Pero para sustituirlo por... nada. Y ahí está el problema. No en cambiar, sino en eliminar el discurso.

Que no se engañe nadie: no creo que la ordenación basada en períodos o épocas sea la única posible. Ni mucho menos. Hace un tiempo ya comenté que una de las exposiciones que más me han impactado se basaba en un discurso articulado únicamente en torno al color rojo. De lo que sí estoy convencido es de que toda exposición, permanente o temporal, tiene que partir de un discurso que sea comprensible por el visitante. Y, por supuesto, de que los museólogos no estamos aquí para demostrar a los visitantes cuánto sabemos y qué ignorantes son ellos. Creo que nuestra principal función profesional es evitar que el vistante salga de nuestro museo o nuestra exposición con la idea de que no está preprarado para entender lo que le ofrecemos. Y con esa sensación salgo yo de algunos museos de arte contermporáneo (repito, de algunos, no de todos). Así salí hace unos dias de Orsay, sin saber por qué Van Gogh estaba en tres salas distintas y separadas, ni por qué uno veía postimpresionismo y neoimpresionismo antes de llegar a la gran galería impresionista. Posiblemente sólo sea porque soy muy torpe, tal vez porque no entiendo de arte contemporáneo, quizá porque iba con los niños... pero no llegué a descubrir qué me han intentado contar los responsables del museo al cambiar un orden que quizá fuera anticuado y tradicional, pero que resultaba muy claro para el visitante medio. Y tengo la sensación de que no han cambiado el discurso, sino que simplemente lo han eliminado. En definitiva, que no tienen demasiado interés en que gentes como yo nos acerquemos a comprender lo que saben gentes como ellos.

Aunque al fin y al cabo, como me comenta Esther, puede que lo único que asuste a gentes como Chapman y algunos museólogos sea que, como en el cuento del nuevo traje del emperador, los niños sean quienes puedan darse cuenta de lo absolutamente falsos y vacíos que resultan algunos iluminados y sus propuestas.

El adorado Emperador: la museología, en calzoncillos.

miércoles, 9 de julio de 2014

Silverio Gutiérrez Escobar

Silverio en el campo de Los Pedroches. Donde más le gusta estar.


El pasado sábado 28 de junio, la Asociación de Amigos del Museo de Historia Local de Villanueva de Córdoba organizó un homenaje al que fuera su fundador y presidente, Silverio Gutiérrez Escobar. En el acto tomamos la palabra cuatro amigos de Silverio: Paco Godoy, director del Museo del Pastor de Villaralto, conservador del Museo de Bellas Artes de Córdoba y ex-director del Museo Arqueológico de Córdoba, Juan P. Gutiérrez, cronista de Conquista y miembro de la Asociación Arte, Arqueología e Historia, Pilar Ruiz, del Aula de Patrimonio Histórico de la Universidad de Córdoba, y yo mismo. Además, en nombre de la asociación convocante habló David Rey y su presidenta, Carmen Ibáñez. Tampoco las instituciones quisieron estar ausentes, y Dolores Sánchez felicitó a Silverio en nombre de la Diputación de Córdoba, mientras Benita Martínez hacía lo propio en representación del Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba.

Durante toda su vida, Silverio ha sido un carpintero amante de la historia y la arqueología. Como muchos, también él tuvo que emigrar a Cataluña, donde ya estuvo en contacto con la Historia como colaborador de museos y excavaciones arqueológicas. A su vuelta, se empeñó (porque Silverio "se empeña") en conocer más a fondo la historia de Los Pedroches, y difundirla a través de un museo en su pueblo, en Villanueva. Por eso, creo que habrá sido para él una gran alegría ver cómo su pueblo y su comarca le rendían este merecido homenaje.

Silverio siempre repite que él no es historiador, ni arqueólogo, sino un simple aficionado. Pero ha sido y es una de esas personas que hacen falta en nuestros pueblos. No sólo porque ha puesto las bases de una institución museística que está llamada a desempeñar un gran papel en la cultura de la comarca. Sino también porque ha impulsado extraordinariamente la investigación, el conocimiento y la difusión de nuestro patrimonio arqueológico. Siempre modesto y siempre generoso, no ha dudado en poner a disposición de cualquier investigador sus grandes conocimientos sobre la tantas veces olvidada arqueología de nuestro territorio. Un territorio que él conoce muy profundamente. Y ha sabido, a veces con su cabezonería, ir convenciendo, ir convenciéndonos a todos de que tenemos no sólo el deber de conservar la riqueza arqueológica de Los Pedroches, sino también la posibilidad de conocerla para disfrutarla.

En mis breves palabras, quise destacar esa generosidad y esa disponibilidad que Silverio siempre tiene para atendernos a todos los que necesitamos algún dato, alguna información sobre piezas o yacimientos desconocidos para casi todos. Como anécdota, comenté una frase que alguien me dijo o en algún sitio leí (no consigo recordarlo) y que tomé como base de mi trabajo al hacerme cargo del Museo PRASA Torrecampo: "Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe". Y el teléfono de Silverio ha estado durante los últimos 10 años siempre abierto para mí.

Gracias, enhorabuena, salud y larga vida, Silverio.

Con Silverio, su esposa, y los amigos que nos reunimos para homenajearlo

miércoles, 2 de julio de 2014

El Museo PRASA Torrecampo, en una exposición sobre Carlomagno




Cuatro piezas pertenecientes a la colección permanente del Museo PRASA Torrecampo se mostrarán durante este verano en la Abadía de Saint Riquier (Francia) en el marco de una exposición internacional que conmemora el 1.200 aniversario del fallecimiento de Carlomagno. A través de obras procedentes de 40 museos europeos, la exposición L'Europe avant l'Europe: les carolingiens intenta explicar la importancia de la figura de Carlomagno y la formación de su extenso imperio, sin olvidar las relaciones comerciales y culturales que sirvieron de base para el posterior desarrollo de una cultura europea en la Edad Media. La comisaria de la exposición es la Dra. Ariane Kveld Jaks. [Puede descargarse aquí un dossier completo sobre la muestra]


El propio lugar escogido para la exposición, la Abadía de Saint Riquier (al norte de Francia) se convierte en una pieza fundamental del discurso. Fundada en el año 625, en época carolingia se convertiría en uno de los centros culturales más activos del Occidente Europeo. El propio Carlomagno encargaría a Angilberto la construcción de unos nuevos edificios que servirían de modelo para posteriores monasterios de toda Europa. Con el tiempo, esta primitiva construcción fue transformándose en el impresionante conjunto de arquitectura gótica que se conserva en la actualidad. Con el nombre de Abbaye Royale de Saint Riquier – Centre Culturel de Rencontre, hoy se ha convertido en un importante centro cultural público, que programa numerosas actividades entre las que destaca una gran exposición anual, este año dedicada al mundo carolingio.


Para el Museo PRASA Torrecampo, la participación de estas piezas en una exposición internacional de esta importancia nos ofrece la posibilidad de difundir la riqueza de nuestras colecciones y del Patrimonio Histórico de la comarca de Los Pedroches. El hecho de ser el único museo español representado en la muestra indica que esta comarca del norte cordobés no ha sido un lugar alejado de los grandes lugares de la Historia.  Estas obras están incluidas también en el catálogo de la muestra, editado en francés, inglés y alemán.

La exposición, inaugurada el pasado sábado 29 de junio, permanecerá abierta hasta el 29 de septiembre. Además de las piezas de nuestro museo, en la muestra podrán contemplarse obras del Museo Vikingo de Haithabu  y la Fundación Maximiliano de Munich (Alemania), Museo del Louvre, Museo de Cluny, Chateau de Versailles, Saint Germain en Laye, Museo de Rouen, Museo Calvet de Avignon, Museo Lapidario de Narbona, Museo Histórico de Orleans, Instituto del Mundo Árabe de París, Museo Carnavalet de Paris…





Piezas del Museo PRASA Torrecampo que participan en la exposición:


5844. Placa de cinturón visigoda de placa rígida, con representación de grifos afrontados junto a una fuente. Fines S. VI – inicios S. VII.



5577. Hebilla – placa de cinturón. Bronce con decoración dorada. S. VI – VIII.




7578. Placa decorativa en bronce dorado, con relieve que representa una leona. Formaba parte de una placa de cinturón. S. VI – VII.



5810. Moneda de oro del tipo “dinar indiccional” o “sólido de conquista” (primer modelo de moneda acuñada por los musulmanes en la Península Ibérica, entre los años 712-713, con leyenda en latín).







domingo, 15 de junio de 2014

La bomba. Sobre metodología de la historia.

La bomba. Foto: ABC

He oído esta historia cientos de veces. Después de un rato buceando en mi ordenador, la he encontrado en la transcripción de unas cintas que grabé a mi padre hace ya más de una década. Entre ellas, la referencia que buscaba sobre un bombardeo en la zona trasera de la Estación de Ferrocarril de Pozoblanco.

Un día, estábamos por la Estación, pasó una avioneta y ¡no tiró bombas! Había allí una nave grande que era donde estaban las máquinas del tren. Cayeron montones de bombas en el tejado. Eran bombas chiquitillas, pero muchas. Nosotros, allí echados al lado de una pared, y las bombas cayendo al otro lado de la pared. Estaba por allí un miliciano con un fusil, y le dijimos, 'pero pégale un tiro, hombre', y dice 'bueno, pues eso podríamos hacer...'
Luego, en el centro del pueblo decían 'pues han pasado, pero no han bombardeado, no han bombardeado'. No, ¡total ná!.

El martes 13 de mayo de 2014, al comienzo de unas obras destinadas a la ampliación del IES Antonio María Calero de Pozoblanco, fue encontrada una bomba de la Guerra Civil, que al día siguiente sería retirada para su desactivación por los artificieros de la Guardia Civil.

Se trata de dos fuentes de información muy interesantes sobre los cruentos bombardeos de Pozoblanco durante la Guerra Civil, la primera de las denominadas "fuentes orales" y la segunda de tipo material. Con ellas, unidas a las fuentes textuales (documentos de archivo, fotografías, prensa histórica, etc.), los historiadores van ofreciéndonos una reconstrucción del pasado cada vez más certera. La labor del historiador consiste en reconstruir el pasado a través del estudio crítico de las fuentes documentales. Sin análisis crítico, su trabajo sería fallido.

El historiador debe conocer las ventajas e inconvenientes que ofrece cada una de sus fuentes de información y analizarlas críticamente y con una metodología científica. Tendemos a pensar que los documentos de archivo son totalmente objetivos. Pero no debemos olvidar que responden al interes (económico, político, social o de cualquier otro tipo) de las instituciones o personas que los redactaron. Por ejemplo, una norma de comienzos del siglo XVI que prohíbe la apertura de las tabernas los domingos antes de misa nos informa de una intención de la institución redactora, pero no de una costumbre social. Es más: la redacción de esa norma no sólo no nos permite afirmar que se cumpliera, sino que más bien nos indica que al menos antes de ese momento era habitual que las tabernas estuvieran abiertas, y con público, también las mañanas de los domingos.

Más recelos ha despertado siempre el recurso a los relatos orales, como el que sirve para iniciar esta entrada. Desde el punto de vista del historiador presentan dos problemas esenciales: por una parte, la posible falta de objetividad de quien narra la historia; por otra, la fragilidad de la memoria, que puede aumentar esa subjetividad. Sin embargo, en el platillo contrario de la balanza debemos colocar los beneficios de unas fuentes de información que recogen aspectos raramente reflejados en las fuentes escritas, y que nos permiten contextualizar y conocer detalles que de otra forma pasarían definitivamente al olvido.

Por último, también las fuentes materiales tienen ventajas e inconvenientes. Naturalmente, resultan imprescindibles para el estudio de aquellos periodos anteriores a la generalización de la escritura. Durante los últimos años, también se ha extendido su uso en períodos más recientes y, tras el auge de la arqueología medieval, hoy se multiplican los estudios de "arqueología industrial". Sin duda, la riqueza de información que nos ofrece para el siglo XX es menor a la que podemos obtener de fuentes textuales u orales. Pero destaca, por el contrario, su enorme capacidad evocadora.

Por más que nos ofrezca una información indudablemente más pobre, no podemos negar que la aparición de la bomba en las obras del instituto tiene en nosotros un enorme poder evocador. Mayor a los relatos de nuestros mayores que, como en el de mi padre, nos ofrecen muchos más detalles. Y también mayor a los documentados relatos de historiadores, como el que realiza sobre estos bombardeos Francisco Moreno Gómez en "Trincheras de la República, 1937-1939". Incluso en estos días podemos sorprendernos al ver cómo quienes desprecian el valor de la memoria e incluso el de estudios históricos bien documentados, desde posturas negacionistas fuertemente ideologizadas y completamente acientíficas, se rinden ante la evidencia de lo material y, a la vista de los restos de esta antigua bomba, reconocen que Pozoblanco fue duramente bombardeado por las fuerzas sublevadas, por los fascistas.

Como si la bomba fuera más verdad que el recuerdo de mi padre o el estudio científico (que incluso utiliza fotografías aéreas de los bombardeos tomadas desde los propios aviones). Y es que la prueba material parece menos manipulable. Pero sólo lo parece. Porque ni siquiera podemos estar seguros de que se haya encontrado en el lugar en que cayó. ¿Quién nos dice que ese elemento no viajó entre el material de relleno utilizado hace años (pero no tantos) para allanar esos terrenos? Al menos, eso me han comentado que pudo suceder en este caso.

Reconozco que me ha emocionado el asunto de la aparición de la bomba. Pero sigo prefiriendo el relato sobre aquellos dos niños, mi padre y su hermano Nicéforo, que quién sabe qué estarían haciendo en la zona de la estación mientras la aviación fascista lanzaba sus bombas. Se lo preguntaré a los dos, aunque posiblemente de eso no se acuerden del todo.
 
[los restos materiales más importantes de la llamada "batalla de Pozoblanco" quizá sean los refugios de la guerra civil parcialmente conservados en el casco urbano. Sobre el objetivo de estos bombardeos, sin duda fueron las comunicaciones por ferrocarril organizadas desde la antigua estación de Pozoblanco]