sábado, 31 de agosto de 2013

Estética


Puesto de frutas y verduras. Mercadillo del sábado. Dieppe (Normandía)

Los sábados hay mercadillo. Como en buena parte de Europa (de la Europa civilizada al menos), los productores agrarios aprovechan esta oportunidad para la venta directa de sus productos. Aunque lo que hoy quiero no es reivindicar la importancia de nuestras pequeñas huertas ni el olor de sus tomates. Hace sólo unos días, Benja y Amparo impulsaron una exitosa iniciativa en este sentido en Torrecampo, con la sencillez que da la razón; una iniciativa a la que auguro un gran futuro. Pero hoy sólo quiero hablar de estética.

Uno se acerca al mercadillo de productos agrarios como el de Dieppe con las ideas más o menos claras: buscaremos algún queso de la región, un típico choricillo normando, algo de paté... Buenos productos de la zona a precios más que razonables. Frutas y verduras, sólo las estrictamente obligatorias. No por ideología, sino por economía. A partir de 3,50 €/kg. ¡cualquiera comete excesos! Sin embargo, entrar en este paraíso de luz y color te incita a llevarte algunos tomates o un racimo de uvas. Dejándote llevar, pura y duramente, por la estética.

Pero ya estoy perdiendo el hilo. Porque quien haya leído hasta aquí seguramente está empezando a pensar que la importancia de la estética está en que contribuye a aumentar las ventas, generar riqueza y dinamizar la economía. La culpa no es del lector. La culpa es mía. Al fin y al cabo, siempre es más fácil hablar de rentabilidad que de belleza.

Al ver la estudiada colocación de frutas y verduras en el mercado, me vino a la mente la importancia que, para mi padre, siempre tuvo la perfecta colocación de la leña en la pila formada junto al cortijo. Es lo que tienen las asociaciones de ideas... Pero ante los coloridos puestos, recordaba mis protestas ("¿Por qué tanto trabajo en colocar la leña, que dentro de unos días estará quemada en la candela?") y su respuesta, aprendida a su vez de sus mayores: "cuando pases por un cortijo y veas el perro flaco y la leña mal puesta, no te pares a pedir trabajo". En una sociedad tradicional como la española de hace no muchas décadas, todavía existía una idea de hacer bien las cosas porque "lo bien hecho, bien parece". Por un sentido estético que hemos perdido en gran parte. Por eso, con la relajación que aún dejan las recientes vacaciones, he querido empezar el curso reivindicando la estética.

De postre, os dejo una nueva imagen del mercado de Dieppe. Para rememorar, aunque sólo sea en un anodino sábado de fines de agosto, la frase que el genial Ivá puso en boca del último chorizo:

"En este mundo podrido y sin ética, a las personas sensibles sólo nos queda la estética"


miércoles, 24 de julio de 2013

Cástulo. I+D+I en Patrimonio Histórico.

Mosaico romano. Cástulo. Foto: Europa Press.

Recientemente he participado en uno de los cursos de verano de la UCO (Corduba 2013), dedicado a la gestión cultural. Siendo Baena su sede, naturalmente estuvo muy presente el magnífico trabajo que se está realizando en el yacimiento de Torreparedones, del que escribí una entrada no hace mucho. Pero, en parte porque José Antonio Morena hablaría el día siguiente de este importante recurso patrimonial, y en parte también porque había visitado pocos días antes el Conjunto Arqueológico de Cástulo (Linares, Jaén), el trabajo que se realiza en este importante enclave estuvo muy presente en mi charla.

Aparte del interés que tiene cualquier yacimiento arqueológico -y este es un impresionante yacimiento, sin duda alguna-, me interesa especialmente Cástulo porque entre otras muchas cosas fue un centro de control de una importante comarca minera de la Antigüedad. Una zona que no está tan alejada históricamente de Los Pedroches como podríamos pensar, a juzgar por los paralelismos existentes entre las colecciones del Museo Arqueológico de Linares y las del Museo PRASA Torrecampo. Sobre todo, aquellas directamente relacionadas con la explotación minera y la metalurgia de hace dos milenios.

Cástulo es un enclave en el que queda aún mucho por excavar. Una importante ciudad sólo mínimamente sacada a la luz. Un yacimiento, por lo tanto, con muchísimas posibilidades de futuro. Ya lo sé. Eso de "con muchas posibilidades" es un recurso que utilizaban habitualmente los vendedores de pisos cuando la vivienda necesitaba una reforma completa (recuerdo que incluso había un buen monólogo humorístico sobre el tema). Pero en este caso las posibilidades son seguras, porque con su reciente conversión en Conjunto Arqueológico, la Junta de Andalucía ha apostado por un yacimiento que cuenta con unos gestores que tienen muy claro cómo quieren hacer las cosas.

Y a eso me quiero referir en esta entrada. Porque, aunque cuando escuchamos hablar de I+D+I rápidamente pensamos en investigación biomédica o similares, también la Investigación, el Desarrollo y la Innovación se pueden (y se deben) aplicar al Patrimonio Histórico. Y, en un lugar como Cástulo, esto se traduce en Investigación, Conservación y Difusión. Tres pilares sobre los que el equipo gestor del yacimiento basa su estrategia de futuro.

Quedando tanto por estudiar, la investigación es necesariamente un pilar básico de un proyecto como éste. Una investigación que no queda reducida a los trabajos planificados desde el interior de la institución, sino que se anuncia abierta para cualquier equipo interesado en aportar sus conocimientos y su trabajo. Tratándose de una antigua ciudad, naturalmente la conservación debe ser obligatoriamente una preocupación esencial de quienes trabajan en el yacimiento. Un trabajo que el actual equipo se está interesando por difundir a todos los niveles. Nos contaban que quienes trabajamos en este sector debemos ser conscientes de que las publicaciones científicas -aunque son totalmente necesarias- sólo las leen cuatro especialistas. Y que guardar los datos para hacerlos públicos únicamente después de ver la luz el artículo especializado es algo que casa muy mal con la inmediatez de la noticia buscada en las redes sociales. Y desde Cástulo se ha optado por primar la difusión, la puesta a disposición de la sociedad de las imágenes sobre las novedades de la excavación, o incluso sobre el propio proceso de trabajo (recomiendo echarle un vistazo a su página de facebook).

La participación de voluntarios (naturalmente, dirigidos por los profesionales) en los trabajos de campo, o la publicación en alta resolución de imágenes de un mosaico extraordinariamente conservado y cuya excavación aún no ha finalizado son buenos ejemplos de esa política cultural. Porque investigación y conservación son tareas básicas. Pero no debemos olvidar que el objetivo último es poner el Patrimonio Histórico al servicio de la sociedad. Y yo coincido plenamente con el modelo de gestión que se ha puesto en marcha en Cástulo. Un Conjunto Arqueológico al que tendremos que mirar en el futuro porque, sin duda alguna, nos deparará grandes sorpresas, grandes alegrías.

sábado, 13 de julio de 2013

Un jardín en el museo

Presentación de la actividad (foto: Europa Press)


Los museos Arqueológico y de Bellas Artes de Córdoba, el Conjunto Arqueológico Madinat al-Zahra (gestionados los tres por la Junta de Andalucía) y el Jardín Botánico de Córdoba (dependiente del Ayuntamiento de Córdoba) han programado para los próximos meses una interesante actividad conjunta titulada "un jardín en el museo; un museo en el jadín". La actividad, que se extenderá hasta fin de año, fue presentada por los responsables de los centros, de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento de Córdoba.

Esta iniciativa me parece especialmente interesante por diferentes motivos. En primer lugar, no voy a negarlo, por ser un buen ejemplo de colaboración institucional. Por desgracia, esta colaboración no suele ser demasiado habitual ni siquiera entre centros gestionados por la misma administración, por lo que es especialmente destacable que técnicos de cuatro centros diferentes, pertenecientes a dos instituciones (gobernadas, además, por diferentes partidos políticos) coordinen una actividad conjunta como ésta. Que en Córdoba se programen actividades conjuntas por parte de cuatro centros independientes sigue siendo noticia. Una buena noticia. No es que la actividad vaya a ser todo un éxito (que lo será); es que su mera presentación ya constituye todo un éxito para la ciudad de Córdoba.

Un jardín en el museo ofrecerá a los cordobeses la posibilidad de visitar de nuevo el Arqueológico, el Botánico, el Bellas Artes y Medina Azahara acercándose desde una mirada diferente. Y supondrá para quienes visiten la ciudad una posibilidad de ordenar su visita, de no saltarse ninguno de estos cuatro buques insignia de la Cultura (con mayúsculas) cordobesa. ¿El Jardín Botánico un buque insignia de la cultura? sé que estarán pensando algunos. Pues sí.

Realmente, la principal diferencia que vemos entre los museos y Medina, por una parte, y el Botánico por otra, no está relacionada con sus entidades gestoras, sino con su contenido. Porque una tradición educativa dudosamente acertada nos lleva a ver los museos como "de letras", mientras el Botánico es "de ciencias". Como si la metodología de análisis arqueológico no fuera científica; o como si el paseo por el Jardín Botánico no proporcionara disfrute a nuestros sentidos. O como si esos cuatro centros no compartieran sus objetivos de transmitir concocimientos y emociones a sus visitantes.

Hace ya casi una década, en el Museo Arqueológico pudimos comprobar los beneficios que nos podía ofrecer acercarse a determinadas piezas desde miradas científicas en principio alejadas a la arqueología, a través de la "presentación del la pieza del mes" (sobre la que publiqué un artículo en 2004 en la revista Mus-A). Y los primeros ensayos, que fueron todo un éxito, los iniciamos precisamente con dos botánicos. Mi hermanda Anuncia, especialista en aceite de oliva virgen extra, centró su explicación en dos piezas del museo: un brocal de pozo romano de mármol que representa la disputa entre Poseidón y Atenea y el origen mítico del olivo, y un relieve tardorromano que representa la recogida de las aceitunas. Esteban Hernández Bermejo, entonces director del Jardín Botánico de Córdoba, habló en septiembre de 2004 sobre diferentes representaciones vegetales en piezas romanas. Descubrimos así cómo el relieve con guirnalda, directamente relacionado con la iconografía del Ara Pacis construido por Augusto en Roma (del que he hablado en una ocasión anterior), refleja a través de los frutos representados la riqueza del Imperio. O cómo quienes representaron la divinización del Río Nilo en el mosaico de Fuente Álamo (Puente Genil) llegaron a cuidar el detalle hasta el extremo de reproducir con exactitud unas características palmenas que son endemismos egipcios.
Mosaico Nilótico de Fuente Álamo (Puente Genil)

Con el paso del tiempo, la presencia de "científicos" procedentes de distintos campos del saber explicando obras artísiticas o arqueologicas nos ha ido resultando menos extraño. En septiembre de 2011, nuevamente un técnico del Jardín Botánico, en este caso Elena Moreno, se encargó de hablar de un jardín en el museo en el Arqueológico (la charla, integrada dentro del ciclo "presentación de la pieza del mes" puede verse en video a través de youtube).

Y la mirada del botánico ha resultado muy enriquecedora para un museo como el Arqueológico. De la misma forma que la visión desde el arte o la arqueología enriquecen el discurso del Jardín Botánico. Por eso, para todos nosotros resultará doblemente interesante disfrutar este año de "un jardín en el museo; un museo en el jardín".








jueves, 4 de julio de 2013

De historia y novela histórica

Con MJ. Sánchez, en Pedroche (foto Solienses)

El pasado sábado 29 de junio participé, junto a María Jesús Sánchez, en las IV Jornadas de Historia Local de Pedroche (ver información y enlaces en Pedroche en la red). Aprovechando que María Jesús, novelista e historiadora, está enfrascada en la escritura de una novela histórica parcialmente ambientada en el Pedroche del siglo XIII, intentamos apuntar algunas consideraciones sobre las difíciles relaciones entre el historiador y el novelista, sobre todo el autor de novela histórica.

El historiador intenta reconstruir el pasado utilizando para ello una metodología científica. El novelista, por su parte, es un artista cuya pretensión fundamental es generar emociones a través de la lectura de su obra. Dos objetivos muy diferentes que a veces generan roces, sobre todo cuando la obra literaria utiliza unos personajes, hechos o ambientación de carácter histórico.

De hecho, la relación del historiador con la literatura siempre ha sido problemático. Tradicionalmente, la obra literaria o artística ni siquiera ha sido considerada como una fuente fiable para el estudio del pasado. La historiografía tradicional se dedicaba al estudio de reyes, nobles y alto clero, que son quienes aparecen reflejados en crónicas y documentos, fundamentalmente de las cancillerías reales. Cuando, ya en el siglo XX, algunos historiadores comienzan a preocuparse por la historia social, de las mentalidades o, en definitiva, de los llamados no privilegiados (frente a los privilegiados: realeza, nobleza y clero), necesitan buscar nuevas fuentes de información y es entonces cuando comienzan a recurrir a las obras artísticas y literarias.

Aunque ya está muy superada la historiografía positivista del siglo XIX y hoy resulta habitual que, al hablar por ejemplo de la pequeña nobleza urbana de la Castilla de fines de la Edad Media, nos venga inmediatamente a la mente el Calixto de La Celestina, lo cierto es que los historiadores continuamos mirando la obra literaria con cierto recelo.  Recelo que puede crecer cuando el escritor "se mete en nuestro campo" y presenta una novela histórica. Por más que muchos de los escritores sean también historiadores (es el caso de María Jesús, pero también de José Luis Corral, Eslava Galán, Calvo Poyato y un largo etcétera). Parte de la culpa de generar ese recelo podemos echársela a los escritores; pero otra parte es nuestra, de los historiadores.

En algunas ocasiones, determinados escritores de novela histórica defienden su trabajo aludiendo a las horas que han tenido que dedicar a documentarse para poder escribir. Y algunos de ellos llegan a definir ese trabajo, con ciertos aires, como "de investigación". Ahí hemos chocado. Porque investigar no es documentarse. Investigar es aplicar una metodología científica para el análisis de determinados testimonios (textuales, arqueológicos o de cualquier otro tipo) que nos sirven para conocer nuestro pasado. En definitiva, cuando hablamos de novela histórica tenemos que tener claro que nos encontramos ante una obra literaria -artística- y no científica. Lo que no significa, por supuesto, que su valor sea menor. Simplemente, son cosas diferentes.

También tenemos que reconocer los historiadores que parte de nuestro recelo ante la novela histórica es, directamente, culpa nuestra. No porque seamos más tontos que nadie (como algunos -espero que muy pocos- parecen haber entendido tras una lectura parcial e interesada de una entrada anterior) sino porque no podemos evitar sentir una cierta envidia al ver cómo los buenos novelistas pueden recrear de manera no sólo más atractiva, sino muchas veces muy acertada, unos ambientes a los que nosotros, esclavos de las fuentes y de la metodología científica, nunca conseguiremos llegar.

Personalmente, me gusta la novela histórica. Y creo que, cuando está bien escrita, cumple una adecuada función de difusión de la Historia. Siempre que, como lectores, tengamos en cuenta que no nos enfrentamos a una obra científica sino a un relato literario. Y si con estas obras se consigue incrementar el gusto por la lectura y por la Historia, doble beneficio.

jueves, 27 de junio de 2013

De nuevo historia en Pedroche


Este fin de semana se celebran las IV Jornadas de Historia Local en Pedroche (ver programa completo en Pedroche en la Red o en Solienses). Como en ediciones anteriores, es una oportunidad para acercarse a diferentes aspectos de la historia y el patrimonio histórico de la comarca y, fundamentalmente, de la villa de Pedroche. Y también como en años anteriores estoy ligado de alguna forma a las jornadas, en este caso participando en una charla compartida con la historiadora y escritora María Jesús Sánchez.

La inauguración tendrá lugar el sábado 29 de junio, a las 20 horas, en la ermita de Santa María del Castillo, para dar paso a la primera sesión, que terminará con la visita nocturna a la torre de la Iglesia del Salvador. Sólo la visita a estos espacios hace que la actividad resulte altamente recomendable. El domingo se celebrarán dos sesiones, la de mañana en el Centro de Interpretación de las Siete Villas de los Pedroches (frente a la ermita de Piedrasantas, a partir de las 12 h.) y por la tarde nuevamente a partir de las 20 h. en la ermita de Santa María del Castillo.

Las ponencias abordarán aspectos diferentes relativos a la historia de Pedroche desde la Edad Media (con una proyección sobre la excavación de la necrópolis de la ermita que les sirve de sede, realizada por Nuria López) hasta la época contemporánea, que centrará buena parte de las jornadas. Así, se hablará de la música en el Convento de la Concepción en el siglo XIX, de la construcción del puente sobre el Santa María a comienzos del siglo XX, de las tradicionales chozas de pastores o de la evolución económica del territorio rural pedrocheño en el primer tercio del siglo XX.

Por nuestra parte, María Jesús y yo estableceremos, a través de uno de los capítulos inéditos de la nueva obra de la escritora, situado en el Pedroche del siglo XIII, un diálogo entre las difíciles relaciones entre investigación histórica y creación literaria. Allí os esperamos.

domingo, 23 de junio de 2013

Relatos en el Arqueológico

José María Fernández, ganador del concurso.


En otras ocasiones ya me he referido en este blog a la importancia que el programa de difusión del Museo Arqueológico de Córdoba otorga a las actividades de promoción de las artes, ya sean música, pintura, artes escénicas o literatura. Para no repetirme, entraré directamente en faena para comentar la entrega, ayer sábado, de los premios del X Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba (aquí, reseña en El Día de Córdoba).

El acto estuvo presidido por David Luque Peso, Director General de Industrias Creativas y del Libro de la Junta de Andalucía, y en él participaron la directora del museo, María Dolores Baena, los premiados y los representantes de los patrocinadores y entidades colaboradoras: Fundación PRASA (patrocinadora del primer premio, que tuve la satisfacción de entregar en su nombre al ganador), Arqueobética, Grupo Sojo, Zum Creativos y Asociación de Amigos del Museo Arqueológico de Córdoba. Los tres primeros premios correspondieron a José María Fernández Vázquez, de Sevilla, Antonio Manuel Perogil Asensio, de Sevilla y Anita Martín Cabrera, de Madrid.

En primer lugar, la importancia de esta actividad viene dada, por supuesto, por la calidad de los relatos participantes. A través de ellos no sólo podemos ligar la creación literaria a los contenidos del Museo Arqueológico. Además, como destacó la directora del museo en el acto de entrega de premios, podemos comprobar cómo entiende el público al museo. Sin olvidar que, considerando el museo como un centro cultural ("en el que pasan constantemente cosas", en palabras de David Luque), la promoción del arte, y en este caso de la literatura, están entre sus objetivos esenciales.

Como todo premio, su reconocimiento también viene dado por su trayectoria (y en este caso podemos hablar directamente de 10 magníficas ediciones) y, sobre todo, por el jurado encargado de valorar los originales. Un jurado que, en esta décima edición, ha vuelto a ser de verdadero lujo. Lo encabezada Juan Madrid, el más destacado autor de novela negra española en la actualidad ("Los escritores de novela negra en España somos tan pocos, que Juan Madrid es uno de los dos", dijo Manuel Vázquez Montalbán hace unos años), acompañado de Eva Díaz Pérez, periodista y reconocida escritora a quien tuve el honor de presentar en Pozoblanco con motivo de la celebración del Día del Libro hace sólo un par de meses, Francisco A. Carrasco, periodista y escritor, ganador entre otros del Premio Solienses 2012, Antonio Zafra Arrebola, ganador de la IX edición y Manuela Gómez Camacho, delegada territorial de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía en Córdoba. Un excepcional jurado que prestigia sin duda un gran premio literario.

No podemos ocultarlo: la dotación económica también sirve para prestigiar un premio literario. Y, evidentemente, con un primer premio de 900 €, en este aspecto el Concurso de Relatos no es de los mejor dotados. Aunque, como dice un amigo, para calcular la cuantía debemos dividir el premio entre el número de folios escritos, y en este caso, como la extensión de los relatos está limitada por las bases a dos folios, el premio estaría dotado con 450 € por folio, lo que no está nada mal.

Bromas aparte, estoy convencido de que, si bien la dotación global no es espectacular, la forma adoptada para la organización de este premio sí puede contribuir a prestigiarlo. Porque en estos tiempos de crisis, en los que la cultura no suele llevarse la mejor parte, la colaboración de personas e instituciones diferentes con un mismo fin puede mantener con gran dignidad un proyecto cultural como este. Los tres premios están patrocinados por empresas (Fundación PRASA, Grupo Sojo y Arqueobética), pero el Museo Arqueológico cuenta además para la organización con la colaboración de Zum Creativos, la Asociación de Amigos del Museo y el Centro Andaluz de las Letras. Con un sistema, que ya lleva años funcionando, que presagia lo que puede dar de sí ese concepto en el que está ahora empeñada la Consejería de Cultura: el micromecenazgo.

En definitiva, también el sistema organizativo de este concurso (como muchas otras cosas en el Museo Arqueológico de Córdoba) ha estado siempre a la vanguardia. Puede que haya quien todavía piense que esto de los relatos no es una actividad propia de un museo arqueológico. Volviendo a citar las palabras en el acto del Director General de Industrias Creativas, yo también creo que es una actividad propia de "un museo del siglo XXI". No en vano, el Consejo Internacional de Museos (ICOM) ha integrado este año el X Concurso de Relatos del Museo Arqueológico de Córdoba dentro de las actividades recomendadas escogidas de entre las miles de actividades con las que los museos de todo el mundo han conmemorado el Día Internacional de los Museos. Un reconocimiento merecido.

Termino pidiendos disculpas si me he dejado llevar por el entusiasmo. Pero me ha hecho mucha ilusión volver a estar ligado a este Concurso de Relatos. Porque trabajé en el desarrollo de la idea hasta que celebramos la I edición (para la que contamos en el jurado con Rosa Regás). Y en la décima edición he tenido la posiblidad de participar de nuevo, esta vez como representante de la Fundación PRASA, entidad patrocinadora del primer premio. Todo un lujo y todo un placer, de verdad.

Aunque en El Día dice "ganadores del concurso", los de segunda fila no lo somos.

viernes, 21 de junio de 2013

¡La economía, estúpido! (V-VII).

Imagen: La zona mileurista

[Viene de una entrada anterior]

V

Sin rostro humano, el liberalismo es salvaje. No hay lugar para subvenciones, para ayudas públicas, para estímulos económicos. Anatema contra el proteccionismo. Producimos en Bangladesh para vender en Londres, en Boston, en Madrid, en Lisboa, en Pozoblanco. Adaptarse o morir.

El mercado manda. Debemos decir adios, por ejemplo, a la regulación de los mercados agrarios europeos a través de los precios de intervención. Matándolos o dejándolos morir, da igual. Era un mecanismo que funcionaba como un reloj pero que debemos eliminar por rancio, por añejo, por antiliberal. Y porque así, quizá los grandes capitales se hagan cada día más grandes especulando con las producciones agrarias de la próxima década, con el hambre del futuro.

Otra vez nos la colaron.

VI

Con lo rápido que cantaron la muerte de la utopía comunista, hay que ver lo que estamos tardando en expresar lo evidente: la crisis ha demostrado que el neoliberalismo nunca funcionó como sistema global. Que no es que haya muerto: es que siempre fue un zombi.

Y aún así, aquí seguimos. Defendiendo malamente el precio de la leche, del aceite o del jamón ante el dominio absoluto de quienes mandan en el mercado, las grandes cadenas distribuidoras. Porque el liberalismo nos enseñó que los poderes públicos deben dejar que los mercados se autorregulen.

Sin embargo, cuando el recalentamiento de los mercados hace estallar el sistema, papá Estado debe acudir para salvarlo. Por el bien de todos, eso sí. Y entre todos estamos pagando la mala gestión de unas entidades privadas que no estaban muy lejos de donde se originó la crisis, los bancos. Y estamos quitando presupuesto a la sanidad o a la educación pública para favorecer negocios privados con servicios básicos. Y rebajamos impuestos a esos grandes mecanismos "generadores de riqueza" que fabrican ropa de mala calidad en los suburbios de Bangladesh. Y para ello, tenemos que soportar que nosotros paguemos cada día más, por ejemplo a través del IVA con el que cargan esos productos de mierda fabricados por esclavos para ofrecer grandes beneficios a una pandilla de sinvergüenzas. Perdón, esos bienes y servicios que nos proporcionan emprendedores neoliberales líderes en la internacionalización de nuestra economía quería decir, por supuesto.

Nos la están colando por encima de nuestras posibilidades.

VII

Mientras nosotros mismos sigamos tragándonos que murió la utopía revolucionaria y aceptando un falso liberalismo sin rostro humano, me temo que las cosas cambiarán muy poco. Mientras aceptamos que el mercado sea el único regulador para lo que les interesa a algunos, pero contribuyamos al sostenimiento de la base más especulativa del sistema (¡que ayudamos a los bancos! ¡que les estamos dando nuestro dinero! ¡No a ningún generador de riqueza, sino directamente a los especuladores! ¡Mientras no tenemos para mantener las pensiones, la sanidad o la educación pública, nos dicen!), mal nos irá.

Porque no conviene olvidar que la economía sirve para decidir quién come y quién no come. Y que las personas inteligentes no son esos -pongamos por caso, historiadores- que llenan sus escritos de palabros incomprensibles para la mayoría, de rebuscadas citas de autoridad con las que pretenden demostrar su supuesta superioridad intelectual, deslumbrar a los no iniciados, darse pisto en definitiva. Mi experiencia, al menos, me lleva a confiar más en quien más fácil y directamente me cuenta sus ideas. Y a desconfiar absolutamente de quienes, esgrimiendo la lógica ultraliberal, niegan la regulación de los mercados agrarios mientras callan o admiten como necesarios los rescates a la banca pagados con el dinero de todos; levantan la voz contra el pago de impuestos mientras reclaman que el dinero público no sólo pague servicios públicos, sino también otros privatizados; nos desconciertan vociferando contra el intervencionismo estatal en la economía mientras reclaman la financiación pública de aquello que directamente les interesa. En eso ha quedado la coherencia de la mayoría de los gurús del neoliberalismo.


Quizá alguna vez nos tocará preguntarnos: ¿quiénes son los que deciden quién come y quién no? Más que nada, por si en lugar de mantenerlos y dejarnos engañar se nos ocurriera pedirles algún tipo de responsabilidad. O, al menos, exigirles un mínimo de coherencia.