miércoles, 4 de noviembre de 2015

Sobre la historia y el hecho diferencial


Ya he escrito en varias ocasiones sobre cómo nos encontramos con demasiada frecuencia con intentos de manipular interesadamente la Historia. Con intención de defender supuestos derechos de propiedad (como en la polémica en torno a la Mezquita de Córdoba) o también una supuesta validación histórica de planteamientos políticos muy concretos. Ocurre con todo lo que huele a "memoria histórica" y, de forma muy especial, con los nacionalismos. Una forma política nacida en el siglo XIX que intenta remontar supuestas "esencias patrias" hasta la Edad Media para destacar así una verdad irrefutable: lo que algunos han llamado el hecho diferencial.

Un antiguo profesor de Filosofía de la Historia nos preguntaba en clase si no creíamos conveniente que cada investigador incluyera en las publicaciones resultado de su trabajo una pequeña presentación ideológica. No se refería a la expresión de sus preferencias políticas, sino de aquello que formaba la base de su pensamiento, de su ideología. Supongo que era una mera provocación, pero nos permitió ir tomando conciencia de que el conjunto de nuestras ideas tiene una gran influencia en nuestro trabajo. Especialmente en la elección de temas de trabajo. Yo mismo, que vengo de un mundo, una cultura y una ideología rural, he estado siempre mucho más interesado por los campesinos que por los grandes señores de vasallos.

Sinceramente, hoy pienso que incluir esa presentación ideológica del historiador en sus trabajos sería una solemne estupidez. Porque los historiadores utilizamos un método de investigación científica, y los resultados de la investigación, si se ha utilizado la metodología correcta, son tan válidos en un estudio sobre Fernando III el Santo como en otro sobre el poder de las oligarquías urbanas en el mundo rural cordobés o la evolución de los precios del cereal en los primeros años del Renacimiento. Personalmente, en mi altar de los grandes maestros del medievalismo español tengo a un candidato comunista a las primeras legislativas de la actual época democrática junto a quien ocupaba, incluso en fechas más tardías, un destacado lugar en la Fundación Francisco Franco. Dos personas muy diferentes, sin duda, pero ambos grandes historiadores, grandes científicos.

El problema no es la ideología del historiador. El problema surge cuando el historiador sacrifica el rigor científico por un bien "mayor" como el fortalecimiento de una idea nacional (tras la que se esconde con demasiada frecuencia la búsqueda de una mayor facilidad para conseguir, pongamos por caso, la obtención de la plaza fija o el añorado acceso a la condición de catedrático).

Nada inventado, en cualquier caso, por los historiadores: de vez en cuando nos enteramos de casos de científicos que han creado expectativas demasiado altas sobre los resultados de sus investigaciones mediante conferencias e incluso artículos supuestamente serios. Que han manipulado en definitiva el método científico con la loable intención de obtener fondos para sus Universidades o grupos de investigación (visible sobre todo en Estados Unidos, donde esta forma de financiación está mucho más afianzada que en Europa) y quizá también con la menos loable del consabido ascenso en la carrera universitaria. La ventaja del neurocirujano es que es poco probable que un historiador armado de una motosierra y un destornillador pretenda coseguir en la cabeza del paciente lo que el médico no ha logrado. Por desgracia para los historiadores, solemos encontrarnos con quienes nos dan lecciones armados, salvando las distancias, de forma muy parecida.

¿Cómo es posible hoy que se manipule la historia con intereses ideológicos? Pues habitualmente porque los interesados en hacerlo han encontrado a historiadores dispuestos a sacrificar el método, el carácter científico de su trabajo, y también a individuos con escasa o nula formación científica pero que, armados con el destornillador y la motosierra, esparcen sesos y vísceras por los más seguidos medios de comunicación de masas.

Todo ello aprovechando, en cualquier caso, lo limitado de nuestro conocimiento sobre la historia. Porque nuestras investigaciones son científicas, pero parciales. Sólo rescatamos, con gran trabajo, pequeños retazos con los que resulta complicado constuir una historia completa. Y así, junto historiadores "vendidos" al supuesto bien superior y a los carniceros de la motosierra, también encontramos a verdaderos especialistas en manipular que se dedican a unir en su beneficio los aislados resultados de investigaciones científicas. De donde, en muchas ocasiones, se deduce un hecho diferencial que no está en ninguna de las partes, sino simplemente en el pegamento.

La aldea de Asterix, un territorio con clara identidad histórica
Lo intento explicar con un ejemplo que me resulta más cercano que el mediático caso catalán: el de la comarca de Los Pedroches. Muchas veces he defendido la peculiaridad de una comarca bien caracterizada tanto geográfica como históricamente. La estructura geológica y el paisaje natural de Los Pedroches han condicionado en buena parte la vida en unas tierras dotadas de una gran personalidad histórica. A un paso del hecho diferencial, vamos. Aunque si profundizamos un poquito más en nuestra "peculiar" historia, veremos (si queremos verlo, eso sí) que no habría sido la misma sin la llegada de las gentes que dominaban la metalurgia en la Prehistoria Reciente, sin las influencias culturales griegas o fenicias que nos traían los comerciantes de metales, sin el poso cultural ibérico, romano, visigodo o andalusí, sin los caminos de Córdoba a Mérida o Toledo, sin los que se fueron a América, sin los ganados transhumantes de La Mesta... En resumen, que sin los otros no seríamos ni siquiera nosotros mismos. Y eso, entendedme bien, teniendo siempre muy claro que estamos hablando de una comarca dotada de una importante personalidad histórica. Es decir, que lo del hecho diferencial... sí, pero poco.

Porque, en el fondo ¿hay alguna imagen que nos remita al concepto de "identidad histórica" mejor que la de la aldea de Asterix y Obelix? Y, a la vez, ¿Hay algún lugar más universal, en el que lectores de todo el mundo occidental podamos sentirnos más a gusto que en la famosa aldea de los galos? Siempre que el cielo no caiga sobre nuestras cabezas, ¡por Tutatis!

lunes, 28 de septiembre de 2015

El castillo de Belalcázar


Vista general del castillo. Foto: www.andalucia.org
Os dejo el texto que publiqué la semana pasada en la sección Patrimonio Histórico de Los Pedroches del semanario La Comarca sobre el castillo de Belalcázar.

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Desde el propio momento de su construcción, el castillo renacentista levantado por los Sotomayor en la antigua Gahete adquirió tal protagonismo que, en muy poco tiempo, el pueblo llegaría a asimilar el nuevo nombre de la población: la del bello castillo, Belalcázar. La imponente presencia de su torre del homenaje, que con 47 metros de altura es la más alta de la Península Ibérica, y su cuidado diseño hacen que todavía hoy sea uno de los conjuntos monumentales más admirados de nuestra comarca. No en vano, en la encuesta realizada por la web Solienses hace ya una década, el castillo de Belalcázar resultó ser, en opinión de los encuestados, el monumento más representativo de la comarca de Los Pedroches.
Sin embargo, cuando se levantó esta fortaleza señorial Belalcázar ya tenía una larga historia. Félix Hernández demostró de forma incuestionable hace años la identificación entre la musulmana Gafiq, la medieval Gahete y la moderna Belalcázar. Y, refiriéndonos al castillo, su larga historia también fue destacada en el trabajo al que Alberto León dio el significativo título de “Las fortalezas de Belalcázar”. Porque, efectivamente, el castillo del siglo XV no es más que una construcción, realizada a su vez en diferentes fases, superpuesta a una gran fortificación que tiene su origen en época andalusí: la alcazaba de Gafiq.
El cerro en el que se asienta la fortaleza tiene un gran valor estratégico, al formar el arroyo Caganchas un foso natural que facilita la defensa de este enclave elevado. Y allí estaba situada la antigua alcazaba de Gafiq, que alcanzó una gran importancia en el sistema defensivo de al-Andalus entre los siglos IX y XIII. No en vano, Gafiq fue durante el califato la capital de la provincia de Fahs al-Ballut, y a partir del siglo XI uno de los más importantes enclaves defensivos musulmanes en una frontera frecuentemente atacada desde el norte. En este sentido, resulta significativo que tras la conquista cristiana se cite a Gahete como “villa e castillo”, resaltando de esta forma la importancia de este núcleo de población y también el valor estratégico de su fortificación. Desgraciadamente, la falta de excavaciones arqueológicas no nos permite conocer cómo era esta antigua fortaleza, que terminaría siendo parcialmente demolida a mediados del siglo XV para construir en su interior el castillo de Belalcázar.
Tras la señorialización de Gahete en 1444, los nuevos señores se plantearon construir un gran castillo en el solar de la antigua alcazaba. Sabemos que la obra fue lenta, encontrándose aún en ejecución en 1464. Al diseñarse el edificio se pretendió utilizar una planta regular, aunque tuvo que ser necesariamente adaptada a la topografía del cerro en el que se sitúa. Con torres en sus esquinas y en el centro de los paños de la muralla exterior, el recinto interior se articula como un gran espacio o plaza abierta en la que se levanta, como parte principal de toda la construcción, la torre del homenaje. Sus altos muros exteriores, sin otro vano en un primer momento que la puerta de acceso en el lado norte, ofrecían una impresión clara de construcción defensiva.
Los estudios realizados por A. León nos indican que el castillo fue construido al menos en dos fases sucesivas durante la segunda mitad del siglo XV. El diseño original se corresponde con la estructura típica de las construcciones defensivas castellanas del siglo XV. La segunda fase, posiblemente iniciada cuando aún no habían concluido las obras, reforma el proyecto inicial para dotar al conjunto de una mayor riqueza, con un sentido residencial. Es entonces cuando se abren nuevas comunicaciones interiores entre los diferentes espacios y cuando se abren amplios ventanales al exterior, que desvirtúan claramente el valor defensivo inicial. También en este momento se levanta el último cuerpo de la torre, que no por casualidad es el más profusamente decorado. De ahí que el resultado nos ofrezca una imagen de un conjunto que es fortaleza, pero de aspecto palaciego.
Estas dos fases tan diferentes se corresponden con un importante cambio en la situación política por la que atraviesa el señorío, y muy especialmente en sus necesidades defensivas. Tras la concesión de Gahete a don Gutierre de Sotomayor en 1444, la ciudad de Córdoba no aceptará de buena gana una pérdida territorial tan importante. Esta resistencia, unida a la situación de Guerra Civil en la que vive Castilla durante varias décadas, ponía periódicamente en riesgo las posesiones de los Sotomayor. La situación cambia radicalmente tras la toma del poder efectivo por parte de Isabel La Católica, que en Córdoba se producirá en 1478. El fin de las guerras civiles vendrá acompañado de un descenso de las tensiones antiseñoriales. Y es posiblemente en este momento cuando, siendo ya innecesaria su función defensiva esencial, el castillo empieza a transformarse en palacio.
La torre del homenaje alcanza una altura casi desproporcionada o, en cualquier caso, exagerada para la función defensiva que se supone que debe cumplir el edificio. Y digo que se supone porque, sobre todo tras las reformas de fines del siglo XV, la función del castillo sería más representativa que de defensa. En realidad, esta inmensa mole, profusamente decorada, cumplirá la función de mostrar públicamente el poder ejercido en la villa por sus señores, los Sotomayor.

El castillo de Belalcázar, que tiene la consideración de Bien de Interés Cultural, fue propiedad privada hasta su adquisición por la Junta de Andalucía en enero de 2008. Desde entonces se han realizado estudios técnicos que, como anunció en días pasados el nuevo Delegado de la Consejería de Cultura en Córdoba en el curso de su visita a Belalcázar, se trasladarán a un informe que servirá de base para el inicio de la restauración del castillo dentro del Plan de Arquitectura Defensiva de Andalucía. Parece demasiado trámite burocrático, pero la complejidad del conjunto fortificado lo hace necesario. No necesitamos prisas, que sabemos que no son buenas consejeras. Lo que necesitamos es que el proyecto de actuación no se pare. Porque no podríamos soportar el bochorno de no haber sabido evitar la pérdida de uno de los principales emblemas de nuestra comarca.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Historia y Patrimonio: Torrecampo

Parte del grupo de voluntarios de la Asociación PRASA

Desde hace algún tiempo, las mañanas de los primeros sábados de cada mes es posible realizar una visita guiada por los principales edificios históricos de Torrecampo, gracias a una iniciativa de la Asociación Benéfico Cultural y Deportiva PRASA Torrecampo. El pasado sábado 5 de septiembre dediqué mi artículo en la sección de Patrimonio Histórico del semanario La Comarca a estas visitas. Aquí os dejo el texto, por si os resulta de interés.

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            Las mañanas del primer sábado de cada mes, un grupo de voluntarios organizado desde la Asociación Benéfico Cultural PRASA Torrecampo organiza una jornada de puertas abiertas que nos permite conocer los elementos más destacados del Patrimonio Monumental de Torrecampo y, a través de ellos, acercarnos a la historia de este pueblo. Porque sabemos que nuestro Patrimonio Histórico es una huella dejada por nuestro pasado, y esto es perfectamente visible en las calles de este pueblo.
            La historia nos ha legado no sólo grandes construcciones religiosas, como la Iglesia de San Sebastián o las ermitas de Jesús y de Nuestra Señora de Gracia, sino también una serie de fachadas con grandes dinteles de granito que son reflejo del auge experimentado por el pueblo entre fines del siglo XV y fines del siglo XVI. Quizá sin el valor monumental  que presentan algunas portadas del vecino Dos Torres, para mí es incuestionable el valor estético de las fachadas de granito de Torrecampo. Pero lo que hoy me interesa destacar de forma especial es la íntima relación que existe entre estas construcciones y la historia del pueblo.
            Torrecampo nació como una pequeña aldea de Pedroche en algún momento cercano a mediados del siglo XV. En 1453 ya era un núcleo de población estable, para cuyos vecinos compró la villa de Pedroche la dehesa del Campillo de la Jurada. Desde este momento, su crecimiento fue muy rápido y en 1468 la aldea ya contaba con un primer concejo que sólo dos años después está intentando segregarse de Pedroche y obtener el “privilegio de villazgo”. Una independencia que Torrecampo obtendrá en 1479, convirtiéndose en “villa en sí”. Este rápido desarrollo político tuvo que estar necesariamente sustentado en un gran auge económico y social, basado esencialmente en el sector más pujante de la economía comarcal del momento: la industria pañera, organizada mediante un gran número de pequeños talleres de carácter artesanal.
Con esta base económica, la nueva villa de Torrecampo vivirá unas décadas de gran desarrollo, un crecimiento que sólo se detendrá cuando la nueva política fiscal puesta en marcha por Felipe II en 1574 provoque una importante crisis en el sector productivo castellano, que afectará de manera muy negativa a la industria pedrocheña de la lana. Durante el siglo XVII continuarán patentes las graves consecuencias de la crisis de una economía que sólo comenzará a remontar levemente a partir de comienzos del siglo XVIII, aunque sin alcanzar el dinamismo de los mejores tiempos.
Portada del Casino
            Precisamente en el último tercio del siglo XV podemos fechar las primeras de las grandes portadas que comenzaron a ennoblecer la imagen de Torrecampo. Un ennoblecimiento que fue posible gracias a los beneficios que ofrecía la industria pañera, que habría proporcionado a algunas familias los recursos suficientes para levantar grandes casas con llamativas fachadas. Incrementando de esta forma no sólo la imagen social de la familia propietaria, sino la del propio pueblo. Un pueblo que ya no es una simple aldea con construcciones efímeras de tejados pajizos, sino toda una “villa” que, en el imaginario de la época, también podía ennoblecerse a través del embellecimiento de su trama urbana.
La Iglesia de San Sebastián o la gran ermita de Nuestra Señora de Gracia, justo a la entrada de la población, tendrán como una de sus funciones esenciales la representativa: dan muestra de la importancia de un pueblo que quiere dejar atrás cuanto antes el recuerdo de que había sido una simple aldea pocos años atrás. Y esa misma función de representación no sólo particular sino también colectiva tendrán las sólidas portadas de granito levantadas por las principales familias. Unas portadas de las que afortunadamente conservamos una buena muestra, la mayor parte de ellas fechadas precisamente entre fines del siglo XV y mediados del siglo XVI, coincidiendo (no por casualidad) con el auge económico, social y también político de Torrecampo.
            Aunque contamos con algún ejemplo de portada dotada de accesos cerrados mediante arcos de medio punto o rebajados realizados con grandes dovelas de granito, son más abundantes las que recurren a un dintel muy desarrollado, presidiendo una composición enmarcada con un alfiz de influencia mudéjar.
De todas estas portadas destacan especialmente dos. En primer lugar la de la conocida como “casa del Casino”. Profusamente decorada, es una construcción característica del llamado “gótico civil” de fines del siglo XV. El cuerpo inferior está dominado por el gran vano de acceso con ancho dintel que llevaría una inscripción, hoy perdida. En el cuerpo superior destaca una ventana doble (geminada) sobre cornisa, con escudo heráldico. Todo ello, enmarcado por moldura con bolas característico de la época de los Reyes Católicos. La composición presenta claras analogías con edificios de Valladolid, Segovia o Cáceres. La segunda portada destacable sería la de la antigua casa conocida como “Posada del Moro”, de claro diseño renacentista que podemos fechar en las décadas centrales del siglo XVI. A pesar de lo elaborado de su diseño, no prescinde del gran dintel característico de las fachadas nobles de Torrecampo.

Estas fachadas, junto con la Parroquia de San Sebastián, las ermitas o el Pósito nos hablan de la historia de un pueblo que, el primer sábado de cada mes, nos invitan a conocer mejor sus propios vecinos. La próxima visita, guiada por los voluntarios de la Asociación PRASA Torrecampo, tendrá lugar este mismo sábado 5 de septiembre a partir de las 10.30 de la mañana. Si queréis información complementaria, podéis acceder a la página de facebook de la Asociación o solicitarla en el correo electrónico revistaelcelemin@gmail.com . Estáis todos invitados.


martes, 18 de agosto de 2015

La Losilla




Os dejo el texto que, sobre el yacimiento arqueológico de La Losilla (Añora), publiqué en el semanario La Comarca el pasado sábado 8 de agosto. Un yacimiento al que ya dediqué hace tiempo otra entrada en este blog. Podéis acceder al artículo también a través de la web del periódico.

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Habitualmente pensamos que en nuestra comarca no abundan los yacimientos arqueológicos, cuando realmente lo que faltan son estudios del territorio. Pocos arqueólogos se han interesado por el pasado de Los Pedroches y, salvo algunos casos puntuales (como el paraje de la ermita de Las Cruces, en El Guijo) apenas se han desarrollado aquí campañas de excavaciones arqueológicas.
El yacimiento de La Losilla, en las inmediaciones de Añora, es una interesante excepción. Aunque era conocida como una zona donde existían tumbas, las primeras intervenciones en el lugar no se produjeron hasta los años 70 del siglo XX, en el contexto de las llamadas “misiones rescate”. Este era el nombre de un conocido programa de televisión de la época, que pretendía concienciar a la población, y sobre todo a los escolares, de la riqueza de nuestro Patrimonio Arqueológico. A pesar de su loable objetivo, no siempre los resultados fueron los más adecuados, ya que propició que se realizaran búsquedas no profesionales de objetos arqueológicos sin que dieran lugar a verdaderos estudios de los yacimientos.
Durante las siguientes décadas, La Losilla fue lugar de actuación habitual de buscadores clandestinos, que continuaron causando nuevos y repetidos daños al yacimiento. Hasta los años 90 del siglo XX no se realiza un primer trabajo serio de estudio del lugar, mediante una excavación dirigida por Antonio Arévalo Santos. Aunque se trató de una actuación limitada tanto temporal como presupuestariamente, este estudio inicial concluía que el yacimiento contenía una antigua iglesia con necrópolis o cementerio asociado.  Los restos cerámicos y fragmentos de inscripciones obtenidos en estos trabajos permitieron a Arévalo fechar la ocupación del lugar en torno al siglo VI, en plena época visigoda, aunque lo limitado del área excavada no permitía concretar más las fechas de ocupación y de abandono del lugar.
En la fase final de esta excavación apareció una pequeña porción de un grueso muro que, por su forma y orientación, se pensó que podría corresponder a un ábside situado en la cabecera de la iglesia. Los más recientes trabajos, que a continuación comentaré, parecen confirmar con pocas dudas esta hipótesis inicial.
Desde ese momento, el Ayuntamiento de Añora se mostró muy interesado por la conservación y puesta en valor de La Losilla, aunque la falta de presupuestos provocó unos años de parón en los trabajos. La oportunidad de retomar la excavación del yacimiento se presentó en 2010, tras una visita a la comarca realizada por arqueólogos de la Universidad de Sevilla y del Instituto Arqueológico Alemán, a los que tuve la oportunidad de acompañar. Tras la realización del proyecto, la obtención de los correspondientes permisos de estudio y el compromiso de colaboración por parte del Ayuntamiento de Añora, en el verano de 2013 se iniciaron los trabajos, dirigidos por los doctores Jerónimo Sánchez Velasco (Universidad de Sevilla) y Fedor Schlimbach (Instituto Arqueológico Alemán) y financiados por esta última institución. La primera campaña consistió básicamente en una limpieza general de los restos visibles y la realización de prospecciones arqueológicas y estudio geomagnético que fueron confirmando en líneas generales las hipótesis planteadas por Antonio Arévalo años atrás.
Al año siguiente (2014) se realizó una nueva campaña con los objetivos básicos de obtener datos sobre dimensiones y forma de la iglesia y sobre la cronología completa del asentamiento. A falta de que el equipo responsable de los trabajos culmine los estudios de materiales y publique los resultados, sólo se puede afirmar que el yacimiento arqueológico de La Losilla es uno de los lugares que más información nos puede proporcionar sobre la época tardorromana y quizá la Alta Edad Media en nuestra comarca. A pesar de la actuación incontrolada de expoliadores clandestinos durante años, el estado de conservación del yacimiento es aceptable, y en la campaña de 2014 se llegaron a excavar tumbas que no habían sido saqueadas. El estudio antropológico de los restos óseos nos permitirá conocer nuevos datos sobre los antiguos habitantes de Los Pedroches. El levantamiento de planos del yacimiento nos permitirá definir las dimensiones y estructura del antiguo asentamiento, que contaba con una iglesia que los directores de la intervención catalogan como de grandes dimensiones para la época. El estudio de las cerámicas, metales y otros materiales arqueológicos obtenidos durante esta campaña nos llevarán a concretar la cronología de la ocupación de este espacio, su funcionalidad y muchos aspectos relacionados con la vida cotidiana de quienes lo poblaron.

En definitiva, aunque no podemos evitar impacientarnos ante el ritmo necesariamente pausado de una investigación científica como la que se realiza en La Losilla, podemos estar muy satisfechos por la labor desempeñada por el equipo dirigido por Schlimbach y Sánchez Velasco. Y tener fundadas esperanzas de que los resultados de las futuras campañas que ya prepara el Instituto Arqueológico Alemán nos ofrecerán una información histórica de gran valor sobre una de las etapas más apasionantes de nuestro pasado, para conocer mejor a quienes vivieron en nuestra comarca hace 1.500 años. A la vez que permitirá al pueblo de Añora y al conjunto de Los Pedroches disponer de un nuevo elemento de nuestro Patrimonio Histórico listo para su disfrute por la sociedad.



miércoles, 5 de agosto de 2015

Y todo esto por un león

Walter James Palmer (izq.) posa con el cadáver de un león en una...
El león más famoso del verano junto a los "valientes" cazadores. Foto diario El Mundo

Una de las noticias de este caluroso comienzo de agosto es, sin duda alguna, la de la muerte por disparos durante una caza ilegal del león más famoso de Zimbabue. Una noticia que ha provocado comentarios de lo más variado en las redes sociales. Y de eso quiero escribir hoy. No de la caza en sí (aunque nunca me ha gustado y deploro la actitud de los furtivos, no soy anti-caza), ni de la importancia simbólica de este ejemplar llamado Cecil. Ni siquiera de Zimbabue, pequeño país africano que esta noticia nos ha hecho buscar en el mapa, caracterizado por ser un territorio que cuenta con buenos recursos naturales pero que está administrado por un gobierno autoritario que consigue, con la consabida ayuda occidental, impedir que su pueblo salga de la espiral de violencia y pobreza en la que está sumido [Ver datos económicos del Banco Mundial y ficha del Ministerio de Exteriores]. Lo que me interesa es únicamente hacer una reflexión sobre algunos repetidos comentarios leídos al hilo de la muerte del león.

En estos últimos días he podido ver muchos comentarios sobre la incoherencia de alarmarnos ante la muerte del león mientras miles de niños mueren malnutridos, por infecciones, sida, violencia... a diario en esta zona de África. Una llamada de atención que puede resultar razonable, pero que resulta también tremendamente peligrosa. Porque de no ser un país atrasado, mal gobernado, donde la gente es asesinada y muere de hambre todos los días... no me cabe la menor duda de que el "valiente" dentista de Minnesota no se habría atrevido a gastarse una pasta en este viaje. Un dinero que, por supuesto, sólo en una ínfima parte se queda en Zimbabue. Porque este tipo de cacerías no son sino una forma más de explotación salvaje de la parte más pobre del planeta. De la misma forma que se esquilman sus recursos minerales en beneficio de multinacionales que administran sus enormes beneficios en los países ricos, estas partidas de caza ponen en riesgo el Patrimonio Natural de grandes zonas de África. Cazamos sus leones porque, con nuestra ayuda o nuestro silencio, mantenemos África en la pobreza.

Y contraponer la barbarie de las matanzas que están acabando con la fauna africana con la pobreza y las desigualdades extremas es peligroso. Porque, en el fondo, son dos caras de la misma moneda. De ahí que me parezca muy peligroso.

Leyendo esos comentarios me vienen a la mente otros muy repetidos, sobre todo en estos últimos años en los que la crisis económica ha provocado un terrible ascenso de la tasa de pobreza en nuestro propio país. Ante la desesperada situación en la que viven miles de familias españolas ¿cómo podemos mantener el gasto público en actividades no productivas, directamente secundarias, como la conservación del Medio Ambiente o de nuestro Patrimonio Histórico? Una pregunta capciosa, que en su propia formulación contiene la escusa perfecta para recortar presupuestos de cultura, como nos transmite perfectamente nuestro gobierno a través de los Presupuestos Generales del Estado (os recomiendo este documentado artículo en el blog Arqueología y Patrimonio sobre las partidas proyectadas para 2016). Al igual que el pueblo de Zimbabue está perdiendo un Patrimonio Natural que podría ayudar a su desarrollo social, cultural y también económico, en nuestro país cada año son más los elementos de nuestro Patrimonio Histórico en riesgo de desaparición.

Y casi nos convencen con la cantinela de que, ante las necesidades económicas y sociales de una parte importante de la ciudadanía, no es solidario mantener el gasto en cultura. Como si no supiéramos que las luchas contra la incultura y la destrucción del Patrimonio Histórico, y contra la pobreza y la exclusión social no fueran, en realidad, dos caras de la misma moneda.

lunes, 27 de julio de 2015

Aliara y la música tradicional de Los Pedroches

Programa del FolkPozoblanco 2015
Anoche tuvimos la oportunidad de disfrutar de un buen concierto de Aliara en la Plaza de las Siete Villas de Pedroche, como aperitivo del FolkPozoblanco 2015, que se celebrará el próximo fin de semana en Pozoblanco. De Aliara y del festival he escrito en varias ocasiones en este blog (1, 2 y 3), y ahora reproduzco el texto publicado el pasado sábado 25 de julio en la sección "Patrimonio Histórico de Los Pedroches" del semanario La Comarca.


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Ahora que se acerca la celebración de la edición número 27 del festival FolkPozoblanco, no quiero dejar pasar la ocasión para hablar de la importancia del Patrimonio Inmaterial y, en concreto, de la música tradicional. Durante las últimas décadas, diferentes grupos de personas han trabajado desde los distintos pueblos de nuestra comarca para conservar viva nuestra memoria musical. Resulta especialmente destacable la labor de investigación y difusión realizada por Luis Lepe y el trabajo de grupos como Jara y Granito desde Villanueva de Córdoba, Alcaria desde Alcaracejos o la Agrupación Musical Gachera desde Pedroche, por poner algunos destacados ejemplos. Pero permitidme que, en este artículo, destaque especialmente el impresionante regalo que, durante más de 30 años, nos ha ido dejando Aliara.
Como ocurre con el patrimonio arqueológico, monumental o documental, también la música tradicional, como parte de nuestro Patrimonio Inmaterial o Intangible, está muy relacionada con la historia de nuestra comarca. Una tierra hoy aislada, lejana respecto a los grandes centros de decisión, pero que históricamente ha estado íntimamente conectada tanto con la Meseta como con el Valle del Guadalquivir. No en vano algunos de los principales pasos naturales que conectan el centro de la Península con el sur andaluz cruzan nuestra comarca. Unas importantes rutas comerciales utilizadas desde la Prehistoria y que se mantuvieron activas hasta tiempos mucho más recientes por el trasiego de los pastores de la transhumancia. De ahí que las canciones que nuestros mayores repetían estén muchas veces influidas por el folclore castellano, e incluso cántabro o gallego.
A finales del siglo XVIII, por diferentes intereses económicos y políticos, la comunicación entre Castilla y Andalucía se traslada al puerto de Despeñaperros. La comarca de Los Pedroches comienza, ahora sí, un largo período histórico de olvido y aislamiento. Al abandonarse las rutas históricas y quedar lejos de las grandes vías de comunicación, nuestra comarca perderá los continuos contactos con el exterior. Un cambio que fue muy negativo para su desarrollo económico, pero que permitió la pervivencia de una cultura tradicional característica hasta bien avanzado el siglo XX.
En distintas ocasiones he hablado de la fragilidad del Patrimonio Histórico y de la necesidad de velar por su conservación. Esto, que resulta evidente en el caso del Patrimonio Monumental, no siempre lo vemos tan claro en unas formas de nuestro patrimonio que no son tangibles. Nos alarmamos ante las grietas que puedan surgir en la torre de la iglesia, en el castillo, pero olvidamos frecuentemente que la globalización, apoyada en impresionantes medios de comunicación de masas, ha transformado completamente nuestra cultura, que cada vez está más lejos de la de nuestros abuelos y más cercana a la existente en cualquier otro punto del planeta. Son los tiempos, y no podemos –tal vez tampoco debamos- luchar contra todos estos cambios. Pero sí tenemos la obligación de conservar nuestra memoria, la que nos han dejado nuestros mayores, para transmitirla a quienes nos sucederán.
En este sentido, me parece fundamental la labor que, en Los Pedroches, han realizado los componentes de Aliara desde la formación del grupo en 1978. Por una parte, desarrollando un impresionante trabajo de investigación con el que han conseguido mantener vivas unas letras y unas melodías que cada vez iban recordando menos personas. Impidiendo que, con la desaparición paulatina de nuestro mayores, que aún conservaban en su memoria las canciones de su infancia, de su vida, perdiéramos todos una parte importante de nuestro Patrimonio. Por otra parte, y no menos importante, contribuyendo a concienciarnos a todos de la importancia de este patrimonio musical. Todos sabemos que no se conserva lo que no se aprecia. Y no se puede apreciar lo que no se conoce. Aliara nos ha hecho conocer una parte importante de nuestra cultura tradicional y a través de sus conciertos, y sobre todo de las 26 ediciones del FolkPozoblanco, nos han hecho disfrutar de nuestra música.
Conocemos, apreciamos y disfrutamos con las jotillas que se cantaban en las antiguas faneguerías durante la recogida de la aceituna, con las coplas de piconeros, pastores, segadores, con las antiguas tonadas religiosas. Una música que está profundamente enraizada en nuestra comarca y que nos permite conocer mejor nuestra historia y, en definitiva, conocernos mejor a nosotros mismos. Y todo ello gracias a una serie de personas que se han preocupado por recoger testimonios orales para rescatarlos del olvido al que estaban abocados.

No sólo es mérito de este grupo concreto, por supuesto, pero creo que debemos reconocer que Aliara ha sido fundamental en este proceso. Y así se le reconoció públicamente en 2001, cuando obtuvo el Premio Andalucía de la Música al mejor trabajo de música tradicional o, más recientemente, el premio “una vida al son” otorgado por el Festival Al son de la Subbética. Creo que desde Los Pedroches tenemos que sumarnos también a los aplausos que recibe Aliara lejos de nuestros pueblos. Porque, además de todo lo dicho, sus componentes trabajan año tras año para ofrecernos, por puro amor al arte, a la cultura, a la música, uno de los más importantes festivales de música tradicional de nuestro país. Por el FolkPozoblanco han pasado iconos del folk como Nuevo Mester de Juglaría, Los Sabandeños, Luar na Lubre, Eliseo Parra, Jaime Lafuente… Y hemos descubierto a nuevos valores que, como ocurriera el año pasado con Ringorrango, nos han sorprendido con su extraordinaria calidad. En esta edición, después del pistoletazo de salida que supuso el concierto de Acetre el mes pasado, vibraremos con Pepica y los Bichejos, Olga y los Ministriles, la Banda Morisca, Wyrdamur, Mujeres con Raíz y, por supuesto, Aliara. Y disfrutaremos aún más sabiendo que lo mejor está por venir. Porque tenemos la suerte de contar con Aliara y con muchas ediciones futuras del FolkPozoblanco. A disfrutarlo.
Aliara, en el patio de la Salchi. Foto: Rafa Sánchez para www.pozoblanco.es

martes, 21 de julio de 2015

El archivo municipal de Pozoblanco



Reproduzco el texto que publiqué en la sección dedicada al Patrimonio Histórico de Los Pedroches del semanario "La Comarca" el pasado 11 de julio, sobre el Archivo Municipal de Pozoblanco.


Aunque es una fuente de datos fundamental para reconstruir nuestra historia, el hecho de que los objetos que custodia no tengan un especial atractivo artístico hace que muchas veces olvidemos que los Archivos son una parte esencial de nuestro Patrimonio Histórico. Pero estos verdaderos depósitos de la memoria colectiva no siempre reciben la atención que merecen. Los documentos que a duras penas conservan son de una extrema fragilidad. La humedad, los ataques de insectos, la luz, la oxidación de las tintas, la escasa calidad de algunos soportes (papel) y la inadecuada manipulación por investigadores o por el propio personal hacen que muchos de ellos sufran un proceso de deterioro que, sin la debida atención, puede acabar con ellos. Y su pérdida supone el olvido eterno de 1.000 años de nuestra historia.
¿Por qué se les presta tan poca atención, si su importancia es tan grande? Por desgracia, porque de igual forma que muy pocas personas –a veces nadie- saben en qué condiciones está el archivo municipal más cercano, muy pocas personas –acaso niguna- valorarán que se destine un trabajo y unos recursos de todos a mantener estos viejos papeles polvorientos. Todos vemos la restauración de una fachada; muchos valoramos la conservación de elementos muebles como piezas de museo; pero muy pocos son conscientes de la necesidad de hacer un esfuerzo por la conservación, ordenación y difusión de nuestro Patrimonio Documental. Por eso quiero escribir hoy sobre uno de estos depósitos de nuestra historia: el Archivo Histórico Municipal de Pozoblanco.
Ubicado en la segunda planta del Ayuntamiento, este archivo se ha ido formando durante los últimos cinco siglos con la documentación generada o recibida por la propia institución municipal. De esta forma, el estudio de su contenido nos ofrece una visión muy completa sobre el propio funcionamiento del Ayuntamiento a través de los siglos, pero también sobre la evolución del urbanismo en el municipio, de la ordenación del término municipal o de la vida económica, social y cultural.
El archivo está formado por más de 7.000 cajas, estando fechado el documento municipal más antiguo conservado en el año 1579. Y este fondo está en constante crecimiento, ya que en el archivo histórico deben ingresar aquellos documentos de la administración local que hayan perdido su valor administrativo.
Además de este fondo municipal, este archivo también conserva en depósito una interesante serie de Protocolos Notariales, es decir, libros de registro de las escrituras redactadas por escribanos y notarios, con una cronología que va desde fines del siglo XVI hasta mediados del siglo XX. En más de un millar de legajos se contiene una información de gran interés para el estudio de la evolución social y económica de Pozoblanco, Villanueva de Córdoba, Añora, Dos Torres, Villanueva del Duque, Pedroche y Torrecampo. En el caso de Pozoblanco, los protocolos más antiguos arrancan en el año 1580, y forman una serie muy completa desde fines del siglo XVI hasta mediados del XX.
Como elementos de nuestro Patrimonio Histórico, estamos obligados a velar por la conservación de estos documentos para transmitirlos a las generaciones futuras. En el caso del archivo de Pozoblanco, cuenta con unas instalaciones recientemente renovadas, que incluyen un sistema de control climático para evitar las temidas oscilaciones de temperatura y humedad relativa, una de las principales causas de deterioro de los documentos. Pero no debemos olvidar que los soportes de esa documentación son frágiles y se deterioran fácilmente con la simple manipulación. Por eso, es importante que los archivos estén correctamente ordenados, para que sólo toquemos los documentos que realmente buscamos. E igual de importante es que quien manipule los documentos tenga la formación y la sensibilidad necesaria. Que sea consciente, en suma, de que trabaja con elementos frágiles e irreemplazables de nuestro Patrimonio Histórico.
Mientras menos se toquen, menos se deteriorarán los documentos. Esta máxima, que en general es aplicable a la mayor parte de los elementos materiales de nuestro Patrimonio Histórico, llevó durante mucho tiempo a restringir la consulta a muchos fondos documentales. Pero si no podemos consultarlos ¿para qué queremos conservar los documentos? O, dicho de otra forma, es necesario asegurar la accesibilidad a los archivos para poner este Patrimonio Histórico al servicio de la sociedad.
Para conjugar conservación y accesibilidad, una de las fórmulas más utilizadas es la reproducción de las principales series documentales, evitando así el continuo manejo de los originales. En el Archivo Municipal de Pozoblanco se reprodujeron hace unos años mediante microfilmado parte de los libros de Actas Capitulares. En la actualidad se está procediendo a la digitalización de estos microfilms para, a la vez que se hace más fácil la consulta, permitir también una mayor difusión de los fondos del archivo. Paralelamente, un grupo de investigadores coordinado por el profesor José Luis González Peralbo está trabajando en la digitalización de los Protocolos Notariales.

Abierto al público, servido por personal cualificado, con un sistema ágil de atención a ciudadanos e investigadores, con procesos de digitalización de las colecciones en marcha, con un proyecto de difusión de los fondos a través de la web… Es mucho el trabajo que aún queda por realizar, pero creo que por fin algunos de nuestros archivos municipales se encuentran en el buen camino. Un camino que inició hace unos años el Archivo Municipal de Torrecampo y que, con mayor o menor intensidad, han ido siguiendo otros pueblos, como Pozoblanco. Es hora de que nos detengamos un momento a echar un vistazo a las diferentes webs municipales para ver qué atención prestan los municipios a nuestro Patrimonio Documental. Porque no debemos permitir la desaparición de nuestra Historia.