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Venta de la Maña. Foto de Danifc |
La llamada era de la Delegación Provincial de la Consejería de Educación y Ciencia. Yo sabía que ese año me había quedado muy cerca de obtener una vacante y, no sé por qué, al comprobar que la llamada entrante procedía de un número institucional, recordé inmediatamente: Perozo se jubila para este curso. Ya sé que es sólo una casualidad, que no hay relación causa - efecto, pero allí, bajo el chaparro que durante años había sido el aparcamiento reservado al Simca 1.200 del profesor del poblado bigote, me ofrecieron una vacante de Geografía e Historia en el IES Los Pedroches. Y durante ese curso me encargué de impartir, entre otras, la asignatura de Historia del Arte con la que José María Martín Perozo había hecho aprender y disfrutar a varias generaciones de alumnos de la comarca.
Yo lo conocía, fundamentalmente de "La Maña". Y recuerdo que, cuando empezaron las clases de aquel primero de BUP, nosotros con apenas 14 años, su porte y su actitud impresionaban. "¡Que viene con folios!" era la frase gritada en los pasillos cuando se acercaba al aula para pedirnos por escrito un resumen del último tema explicado en clase. Impresionaba, de veras. Aunque poco a poco te ibas dando cuenta de que con él todo era más fácil. Porque nos enseñó a ordenar las ideas, a esquematizar, a entresacar lo más importante de los textos, a estudiar, a aprender. Y porque muchos de nosotros teníamos hora libre durante los exámenes trimestrales, si habíamos aprobado todos los controles. Al final, la asignatura de ese profesor tan mayor y tan serio resultaba la más fácil de aprobar. Y aprendíamos, vaya si aprendíamos.
Voví a tener a Perozo como profesor en el antiguo COU (lo que hoy sería segundo de bachillerato). Y nos descubrió las claves fundamentales para entender la Historia del Arte. Unas claves que todavía, muchos años más tarde y después de haber recibido muchas clases de Historia del Arte, sigo teniendo muy presentes. Ya no venía a clase con folios para los controles sorpresa, porque ya no éramos niños que acabábamos de salir de los Salesianos, del Ginés, de las Monjas, del colegio. Éramos personas responsables a punto de llegar a la mayoría de edad legal. Recuerdo bien su primera clase de ese curso, su discurso sobre la responsabilidad, la necesidad de trabajar para nosotros mismos, no para las notas finales. Terminó, picándonos siempre con la duda sobre nuestro interés, anunciando que las calificaciones finales de esa asignatura partirían de un 5. ¡Teníamos el Arte de COU aprobado desde el primer día de clase! Y cumplió su compromiso. Aunque después nunca respondió -más allá de su socarrona sonrisa- a mi fundada sospecha de que, en realidad, nadie había suspendido la asignatura. Ese año todos aprendimos mucho, y no sólo de Historia y de Arte. Porque Perozo siempre fue, como decían "Los Maños" y en el sentido mejor y más completo de la palabra, Maestro.
Fuimos muchos los que aprendimos lecciones fundamentales de la Historia y de la vida con José María Martín Perozo. Algunos -bastantes- debemos a sus clases una pasión por entender mejor nuestro pasado que nos ha llevado a estar donde estamos. Desde hace unas semanas no está físicamente con nosotros (la web de Historia Contemporánea del IES Los Pedroches publicó recientemente una necrológica). Pero su memoria siempre estará viva entre quienes, como yo, fuimos sus alumnos. Y no quiero terminar recordando su muerte, sino al Perozo del instituto y a "Don José el maestro", acodado a la barra de "La Maña". Vaya para él mi recuerdo.
Ay, camino, camino.
camino de Pozoblanco,
había una tabernita
con vino blanco,
écheme usted otro buchito.