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"Vivienda de la Alberca". Madinat al-Zahra. Foto: CAMA. |
Con motivo de la celebración de la exposición Madinat Qurtuba: ciudad y materia, desde Casa Árabe se me pidió que escribiera un pequeño artículo, muy resumido, sobre la arquitectura omeya de Córdoba. Este texto se integró en el catálogo de la exposición (accesible a través de la web de Casa Árabe), y ahora aprovecho para subirlo a la pestaña "publicaciones" de este blog, tanto en su versión española como en la inglesa.
Resulta muy difícil resumir en pocas líneas, y de manera comprensible y didáctica, los elementos arquitectónicos de época emiral y califal conservados en Córdoba. Aún a riesgo de perder rigor por simplificar en exceso, creo que la explicación debe centrarse especialmente en dos conjuntos de extraorinario valor: la Mezquita y Medina Azahara. Dos elementos muy diferentes: mientras la Mezquita es un edificio con un uso concreto (religioso en este caso), y por lo tanto unitario, Medina está formada por un conjunto de edificios de características y usos dispares, que conformaban una verdadera ciudad; mientras la Mezquita es un edificio que, con múltiples rehabilitaciones, se mantiene en pié, en Medina encontramos únicamente los restos excavados de una ciudad destruida; mientras, finalmente, la Mezquita es un conjunto formado por diferentes construcciones, ampliaciones y reformas, Medina fue levantada íntegramente durante la segunda mitad del siglo X.
Estas importantes diferencias nos sirven, sin embargo, para obtener una imagen bastante precisa sobre la arquitectura andalusí en Córdoba. Porque la evolución estilística experimentada por el arte andalusí entre los siglos VIII y XI está muy presente en la parte islámica de la Mezquita. Mientras que en los restos conservados de la antigua Madinat al-Zahra podemos acceder a diferentes edificios, tanto de carácter público como privado, de la época de mayor esplendor de Córdoba, durante los mandatos de Abd al-Rahman III y al-Hakam II.
La Mezquita y los restos de Madinat al-Zahra nos ofrecen, pues, una base fundamental para comprender la arquitectura andalusí. Y diferentes elementos conservados en la ciudad nos permiten ampliar este esquema general: los alminares conservados de la Iglesia de Santiago, de San Juan de los Caballeros o de Santa Clara, los restos arqueológicos de mezquitas de barrio excavados, por ejemplo, en la estación de autobuses o el complejo deportivo de El Fontanar, los baños del Alcázar, los de Santa María o de San Pedro, además de numerosos datos sobre viviendas andalusíes excavadas durante las últimas décadas en la ciudad y su entorno inmediato nos ayuda a conocer cada vez mejor cómo era la antigua Madinat Qurtuba.
Con estos datos, podemos concluir que la arquitectura omeya de Córdoba se configuró a partir de la tradición artística y constructiva de la España romano-goda a la que se sumaron influencias venidas de Oriente. Y, lo que me parece más interesante, el estudio de la arquitectura andalusí nos permite entender de forma muy gráfica el funcionamiento de ese importante Estado medieval que fue al-Andalus, en cuya formación y desarrollo histórico también es evidente la presencia tanto de elementos heredados del sustrato hispano-romano-godo como de importaciones culturales del Mediterráneo Oriental. De esta forma, la arquitectura andalusí es un magnífico medio para entender mejor la historia de al-Andalus.