El Ayuntamiento de Pozoblanco ha anunciado la presentación de un anteproyecto para la creación de un museo taurino en la Plaza de Toros de los Llanos (
aquí y
aquí). Me parece perfecto que se impulse, como se viene haciendo desde hace ya varios años, el aprovechamiento turístico de los recursos con los que contamos. Y la Plaza de Toros es uno de los atractivos que más pueden satisfacer las espectativas de quienes se acerquen a visitar Pozoblanco. Porque indudablemente, y por más que a todos nos moleste un poco la facilidad con la que se puede caer en la
crónica negra, la muerte de Paquirri colocó este lugar en el mapa no sólo cultural o taurino, sino también
sentimental de toda España. No podemos negar que contamos con un buen reclamo. Pero es que además se trata de una plaza que muy pronto será centenaria, por donde han pasado los más importantes toreros del siglo XX y que ha servido de escenario para un puñado de rodajes cinematográficos y televisivos.
Si la parafernalia mediática ayuda a atraer al visitante, los carteles, las fotografías y las imágenes en movimiento de esas películas y series rodadas en la plaza, junto con una información cuidada sobre aquella feria de 1984, pueden colmar perfectamente sus espectativas. No conozco el contenido del anteproyecto, pero en principio la idea me parece muy atractiva, más aún cuando no parece que su realización tenga que suponer un alto coste para la maltrecha economía de nuestro Ayuntamiento, y sí una actuación que sirva para dar valor a una zona de Pozoblanco en la que no abundan los equipamientos públicos. El desarrollo del cercano Polígono Industrial, la creciente utilización del magnífico recinto ferial, la remodelación del Colegio Ginés de Sepúlveda y los nuevos usos de la Plaza de Toros, junto a otras actuaciones necesarias, pueden ayudar a la regeneración urbana de unos barrios necesitados de
cariño por parte del Ayuntamiento. No se alude a estas cuestiones -que no sé si habrán sido recogidas en este anteproyecto- en la información ofrecida por el Ayuntamiento pero para mí, que me crié en buena parte en el barrio de mis abuelos, entre San Sebastián y Los Llanos, tienen un valor muy especial. Pero, por favor, no le llamen a eso
museo.

Un museo es, según la definición del ICOM (Consejo Internacional de Museos), un centro "abierto al público
de forma permanente que coordina, adquiere, conserva, investiga, da a conocer y presenta, con fines de estudio, educación, reconciliación de las comunidades y esparcimiento , el patrimonio material e inmaterial, mueble e inmueble de diversos grupos (hombre) y su entorno". Por su parte, la vigente Ley de Museos y Colecciones Museográficas de Andalucía fija como requisitos obligatorios para que un centro reciba este nombre, entre otros, la
apertura al público de forma estable durante un mínimo de 20 horas semanales y la existencia de "
personal cualificado y suficiente para atender las funciones propias de la institución". Además de la elaboración de unos
planes museológicos y de seguridad y el cumplimiento de unas
funciones básicas de conservación, documentación, investigación y difusión que exceden con mucho las necesidades del aprovechamiento turístico del Coso de los Llanos y las posibilidades económicas de nuestro municipio.
En un comentario a una entrada anterior, un anónimo creo entender que opinaba que mi posición en estos temas era demasiado
legalista. Yo no lo veo así; más bien me siento obligado a luchar para lograr un tratamiento digno para mi profesión. Como historiador, estoy acostumbrado a que cualquiera se atreva a defender la validez de sus
investigaciones históricas, aunque en algunos casos se hayan realizado sin ningún tipo de metodología científica. Cuando ningún historiador se atrevería a presentar como científicas sus opiniones sobre física nuclear o pediatría. En el caso de los museos la situación es, si cabe, peor. Nadie se atreve a afirmar, sin el asesoramiento técnico adecuado, que va a crear un quirófano para cirugía maxilofacial en un centro de salud, pero sí se defiende con total alegría la creación de "un museo" cuando lo que se quiere es ofertar un producto diferente, en este caso orientado claramente hacia el turismo.
En resumen, me parece muy bien la idea de potenciar nuestra plaza de toros como producto turístico, incidiendo en un sistema de aprovechamiento de nuestros recursos que ya se inició hace unos años. Pero para ello no es necesario, ni económicamente viable, crear un museo taurino. Vamos a desarrollar esta idea, pero -tengo que defender mi profesión- sin banalizar el nombre de museo adjudicándoselo a algo que no lo va a ser.